LOS EFECTOS DE LOS CUIDADORES MÚLTIPLES EN EL NIÑO
PEQUEÑO
J. Martín Maldonado-Durán
I INTRODUCCIÓN
En este trabajo se hace una descripción de algunas
de las principales
alteraciones en la conducta y las emociones del niño
pequeño cuando éste es
atendido por múltiples cuidadores primarios consecutivamente.
Por cuidadores se entiende las personas que primariamente
están a cargo de
la atención del niño. Puede tratarse de
los padres biológicos o de otras
figuras parentales que los sustituyan en estas funciones,
como parientes o
padres sustitutos. Aquí se describe sobre todo
la situación de los niños
que son atendidos por padres sustitutos ( en inglés
foster parents ).
Más bien que hacer una revisión exhaustiva
y teórica del tema, se procura
describir algunos de los fenómenos clínicos
más comunes en la práctica de
salud mental y se sugieren ideas para la atención
de las dificultades
conductuales de los niños pequeños que tienen
qué ser cuidados por personas
que no son sus padres biológicos.
Aunque a primera vista puede parecer que estas práctica
de cuidados
sustitutos no ocurren en Latinoamérica, los niños
también pueden ser objeto
de maltrato y negligencia y tienen cambios en las figuras
que los cuidan y
atienden, muchas veces estos cambios tienen lugar de modo
informal, por
ejemplo con parientes. Por esto, las conductas y temores
observados en el
niño pequeño que cambia de cuidadores también
ocurrirán cuando el niño vive
estas experiencias.
II NATURALEZA DEL PROBLEMA DE LOS CUIDADORES MÚLTIPLES
En muchos casos, el proveer a un niño de una familia
sustituta que lo cuide
y lo atienda resulta una experiencia salvadora para el
niño en varios
sentidos, y enb ocasiones significa literalmente salvarle
la vida. Por
desgracia, algunos niños sufren tal maltrato o
golpes a manos de sus padres
biológicos que su supervivencia está en
peligro. En otras ocasiones, los
padres, debido a sus propios problemas no pueden arreglárselas
para cuidar
adecuadamente a sus hijos, no alimentándolos o
proporcionándoles el mínimo
de atención. Todos los niños, incluso los
más pequeños, como los los
lactantes pueden ser objeto de maltratos o de falta de
cuidado ( negligencia
) por parte de sus padres. En EE.UU. por ejemplo, la primera
causa de muerte
en los niños en el primer año de vida, es
maltrato físico grave que
directamente causa la muerte del bebé ( Mrazek,
1993. Farrel Erickson,
Egeland y Pianta, 1989 ). El niño pequeño
puede ser tratado con negligencia
por sus padres, dando lugar a accidentes que también
pueden resultar
mortales ( ahogamiento, caídas, etc.).
En tales circunstancias se hace necesario que alguien
más cuide al niño,
por lo menos hasta que los padres biológicos puedan
estar de nuevo en
posibilidad de hacerlo. En varios países, se recurre
a la fórmula de que
haya padres sustitutos que atiendan al niño mientras
sus padres biológicos
se rehabilitan. En múltiples ocasiones, estas experiencias
son valiosas pues
puede resultar que la relación entre el niño
y sus padres sustitutos sea
altamente satisfactoria. A veces la relación se
vuelve íntima y salvadora
para la vida psíquica del niño, pues sus
padres sustitutos lo cuidan,
atienden y le dan una familia y un hogar en toda la extensión
de estos
términos. Cuando los padres biológicos no
tienen posibilidad de recuperar a
sus hijos debido a la gravedad de sus problemas, puede
ocurrir que los
padres sustitutos desen adoptar a ese niño, dándole
una familia y hogar
permanentes.
En esta revisión, se hace énfasis en las
situaciones en que el niño tiene
qué vivir en varios hogares sustitutos uno tras
otro y sufre las
consecuencias de estos cambios repetidos. Uno de los propósitos
de esta
descripción es el revisar los retos a los que se
enfrentan tanto el niño,
por una parte, como los padres sustitutos por otra. Esto
desde luego incluye el vivir con otros parientes que no sean los
padres, sobre todo cuando aquéllos no tenían
un arelación previa muy cercana
con el niño.
Aunque epidemiológicamente el maltrato y la negligencia
no son un un
problema de proporciones enormes en números relativos,
sí se trata de una
situación grave, pues cada niño maltratado
o rechazado generalmente
pertenece a una familia con disfunciones importantes.
El niño y lafamilia
requieren de servicios de tratamiento o rehabilitación
que son muy costosos.
Además, no hay evidencia de que la vairiedad de
terapias para evitar
maltrato subsecuente sean particularmente eficaces ( Skuse
y Bentovim,
1994 ). Para señalar una cifra en números
absolutos se estima que en EE.
UU. alrededor de medio millon de niños se encuentran
en el sistema de
cuidados sustitutos en todo momento. Prácticamente
cada familia que llega a
la atención de los servicios de protección
al menor es multiproblema. Muchas
requerirán de servicios intensos de salud mental
y de otras múltiples
intervenciones psicosociales que puedens er muy difíciles
de financiar,
sobre todo en los países con más escasos
recursos económicos.
En EE. UU. y otros países un aspecto adicional
del problema del maltrato es
el mandato que tienen todos los profesionales que trabajan
con niños, de
informar a los servicios estatales de protección
al menor cuando tienen la
sospecha de que un niño puede estar sufriendo maltrato
físico, abuso sexual
o privación de cuidados, por ejemplo médicos.
Una vez que ocurre este reporte se inicia una investigación
que podría
resultar en que el niño y sus padres sean separados,
al menos temporamente.
Muchos de estos niños serán colocados en
hogar sustitutos ( foster homes ),
es decir en el hogar de una persona desconocida o un familiars
que al niño
le puede ser totalmente desconocida. Estas personas están
dispuestas a
cuidar niños y reciben como compensación
una cantidad moneteria modesta, la
que generalmente es cubierta por el estado.
Cuando se determina que el niño fué maltratado
seriamente o está físicamente
en peligro ( por esta razóno por negligencia )
la separación de los padres y
el niño durará más tiempo. En el
entretanto, los padres biológicos deben
intentar participar en un programa de reintegración
de la familia. Éste
requerirá que los padres reúnan ciertos
requisitos como mantener una
vivienda, tener un trabajo y haber participado en un programa
educativo de
crianza de los hijos, así como no tomar alcohol
ni usar drogas ilegales.
Mientras los padres no demuestran una capacidad mínima
para cuidar o
protejer al niño, éste seguirá bajo
cuidados sustitutos durante un tiempo
más largo.
El sistema de cuidados sustitutos tiene muchos problemas.
Uno de ellos es
una elevada tasa de malos tratos al niño por parte
de los padres sustitutos
( Krugman, ). Los requisitos para poder establecer
un hogar de cuidadossutitutos son mínimos y sobre
todo de tipo económico,
que el hogar esté en condiciones físicas
aceptables y que los padres no
tengan antecedentes de criminalidad. Algunas familias
suplementan sus
ingresos económicos con el dinero que el estado
les pagará por cuidar niños.
Una complicación frecuente es que el niño
que está en un hogar sutituto a
veces no puede permanecer allí por un tiempo significativo.
Los padres
susitutos pueden decidir en cualquier momento que ya no
desean mantener más
a un determinado niño en su casa por cualquier
razón, generalmente porque el
niño se porta mal. Entonces éste ha de ser
rápidamente transladado a otro
hogar sustituto ( muchas veces sin preparación
psicológica previa, y más
bien de un día para otro).
Esta experiencia puede ocurrir varias veces, habiendo
casos dramáticos como
el de A., una niña tratada por el autor, quien
a los seis años de edad
había ya vivido en diecinueve hogares sustitutos.
Cuando ocurre una sucesión
de hogares de tal magnitud, esto tiene una repercusión
psicológica
potencialmetne desvastadora para la psique y emociones
del niño.
Una complicación más para el niño
pequeño es el paso del tiempo. Con el
lactante y el niño de edad preescolar, el paso
de meses o un año es un
tiempo comparativamente muy largo. El niño más
pequeño tiene un desarrollo
en extremo rápido, por lo que cambia incluso de
un mes para el siguiente. A
veces, pasan meses o aún años , antes de
que su situacion legal se resuelva.
Aún cuando resulte claro que los padres biológicos
no van a lograr
recuperarlo, es poco lo que puede hacerse legalmente para
dar una solución
rápida al caso legal y terminar los derechos de
los ellos respecto al niño.
El sistema legal en EE. UU. y otros países considera
a los niños como una
propiedad de sus padres, y se dispone de ellos como de
otros objetos que son
propiedade de las personas. La vida emocional y psicológica
del niño pasa a
segundo término comparada con los derechos de propiedad
que los padres
biológicos tienen sobre sus hijos. Esto significa
que para que se terminen
los lazos de custodia entre un padre biológico
y el niño, se requiere de un
prolongado y complicado proceso legal.
El niño pequeño puede vivir en una especie
de " limbo psicológico" en el que
es incierto donde vivirá, quién lo cuidará
en el futuro y si regresará o no
algún dia con sus padres biológicos. Este
es un tiempo precioso, que el niño
y los adultos envueltos en su vida han de pasar en incertidumbre.
Un aspecto adicionalmente negativo para el niño
es que generalmente los
padres biológicos casi no tienen contacto ni relación
alguna con los padres
sustitutos de su hijo o hija. Contra lo que sucede en
otros países, como
Canadá en que se espera que los padres sustitutos
mantengan estrecho
contacto con los padres biológicos y así
puedan cooperar en la atención al
niño, en EE. UU. esto generalmente no ocurre. En
el modelo usado en Canadá,
los padres sustitutos pueden servir de " modelos" a los
padres biológicos
respecto a cómo responder a las necesidades y conductas
difíciles del niño o
niña. Un efecto negativo del sistema prevalente
en EE. UU es que los padres
biológicos no saben quién cuida de su hijo,
ni el nombre de los padres
sustitutos. Éstosa veces se sienten atemorizados
de que los padres
biológicos alberguen resentimiento hacia ellos
o temen que sean personas
criminales o los vayan a dañar en alguna forma.
Cuando es posible, los
servicios de protección al menor organizan breves
visitas del niño con sus
padres biológicos, éstas duran una o dos
horas y en ocasiones la visita
ocurre bajo la supervisión de un trabajador social
u otra persona empleada
por el estado. Las visitas pueden ser infrecuentes y a
veces tienen lugar
cada dos semanas. Esto no permite que el niño mantenga
una relación más
intensa con sus padres biológicos. Con frecuencia
después de estas visitas
el niño demostrará conductas más
problemáticas en el hogar sustituto, como
agresividad o desafío. Entonces los padres sustitutos
pueden protestar y
pedir que las visitas se hagan más infrecuentes
o cesen del todo. Con buena
intención, piensan que esto hará más
fácil la vida del niño. En casos raros
sí es obvio que el niño no desea ver a los
padres biológicos, sobre todo
cuando ha habido violencia extrema hacia el niño
y éste se siente
aterrorizado de sus padres.
Los padres sustitutos en general saben muy poco respecto
al niño a quien van
a cuidar. Los servicios de protección al menor
les informan lo menos posible
sobre las características y antecedentes del niño.
Aquéllos no sabrán casi
nada de las rutinas a las que está acostumbrado
el niño, sus preferencias,
qué cosas no le gusta o a qué le tiene miedo,
etc. El saber todo esto
podría favorecer la adaptación del niño
a la nueva familia.
A veces, también los padres sustitutos temen "
apegarse demasiado " al niño
por miedo a sufrir más tarde, cuando se decida
que el niño regrese con sus
padres biológicos. Entonces tratan de no acercarse
emocionalemtne al niño,
en una maniobra de autoprotección. Cuando los adultos
tienen como ocupación
el ser cuidadores sustitutos necesitarán logar
un balance óptimo entre
acercarse al niño y no sentirse desvastados cuando
éste retorna con sus
padres biológicos.
III. EFECTOS EN LAS EMOCIONES Y LA CONDUCTA DEL NIÑO
PEQUEÑO
III. A. Lo que el niño trae consigo previamente
a vivir con una familia
sustituta.
La evaluación de los efectos en el niño
pequeño de los cuidados sustitutos
es complicada por múltiples variables. Tales variaciones
hacen difícil
distinguir qué tanto del comportamiento del niño
se debe a lo que está
sucediéndole en el presente, es decir, el separarse
de sus padres biológicos
y vivir en un hogar sustituto, y qué tanto es el
resultado de sus
experiencias previas.
El niño que ha sido retirado del hogar de sus padres
biológicos puede haber
tenido antes muchas experiencias negativas o indeseables.
Puede que se lo
haya ignorado y no se le hayan proporcionado la atención
que necesitaba, que
haya sido tratado en forma insensible por sus padres.
En los peores casos,
ha presenciado violencia intrafamiliar o fué objeto
de maltrato emocional,
físico o sexual. Estas experiencias tienen efectos
graves en la conducta
del niño: entre otros, pueden dar lugar a ansiedad
y miedos intensos, así
como síntomas de trastorno de ansiedad postraumática.
También pueden hacer
que el niño mismo se torne agresivo y cruel, no
mostrando compasión o
empatía hacia otros. Muchos niños maltratados
o cuyos padres han sido
negligentes muestran además altos niveles de actividad
física y
dificultades para concentrarse y no distraerse. Todas
estas conductas
representan un reto importante para el niño y sus
padres sustitutos.
Es útil entonces saber la historia de lo que le
ha ocurrido al niño antes de
ser puesto en un hogar sustituto para tratar de asignar
la importancia
relativa a los diferentes factores de estrés o
causales de un mal
funcionamiento psicosocial: lo que puede deberse al pasado
y lo que es
causado por la situación presente, así por
la combinación de ambos tipos de
factores.
III. B. Efectos de los cambios de cuidadores primarios
A continuación se describen algunas de las reacciones
y conductas comunes en
los niños que han sido separados de sus padres
y transferidos a un hogar
sustituto, sobre todo cuando ha habido varios de estos
cambios
consecutivamente.
En general el lactante y el niño pequeño
están , por así decirlo "
diseñados" para establecer una relación
de apego con unas cuantas personas
. El niño necesita tener relaciones de cercania
e intimidad emocional con
pocas personas, como sus padres biológicos, hermanos,
y otros familiares
cercanos con los que convive o ve frecuentemente. El apego
con cada persona
es único y distinto de la relación con otras
personas. De tal modo resulta
que al apegarse una relación no se puede fácilmente
"sustituir" por otra
cualquiera.
En el caso de la madre, cuando el niño tiene una
relación emocional íntima
y de apego con su madre, recurrirá a ella como
una " base de seguridad"
cuando se sienta ansioso , preocupado o asustado. Se activarán
conductas
del "sistema de apego" cuando el niño se siente
temeroso o inseguro,
inhibiéndose entonce el sistema de exploración.
Uno de los efectos de tener
un apego adecuado con un cuidador primario es generalmente
la formación de
un " apego seguro" y modelos de trabajo de las relaciones
interpersonales (
término creado por John Bowlby ) que sean satisfactorioy
sanas. Cuando
estos modelos de trabajo de las relaciones se han establecido
favorablemente, el niño aprende a confiar en los
adultos y a esperar que
sean sensibles con sus emociones y lo traten bien. Por
el contrario, puede
tener expectativas de que se le digan mentiras, que se
le golpee o que se le
maltrate en otras formas. Otra posibilidad es que el niño
aprenda a no
esperar que los adultos lo cuiden, respondan a sus necesidades
ni le ayuden
a enfrentar problemas.
III c Enojo, berrinches, conducta desafiante y de rabia.
Estas son algunas de las reacciones más frecuentes,
que tienen qué ver con
una serie de factores, desde el temperamento del niño,
la separación de los
padres o los repetidos cambios de figuras de apego. Bowly
y los Robertson (
Robertson y Robertson, 1989 ) documentaron las reacciones
de enojo y
retraímiento del niño ante las separaciones,
pérdidas o disrupciones en la
relación padres-hijo.
Con frecuencia, los padres sustitutos piden ayuda porque
el niño que tienen
a su cuidado, en vez de estar agradecido parece rechazarlos,
tiene
berrinches frecuentemente, está enojado con ellos
y es desafiante. Las
separaciones y cambios en las relaciones pueden estar
en la raíz de estas
manifestaciones de enojo. Si el niño es temperamentalmente
más difícil o es
más intenso, es más factible que manifieste
su frustración e ira de manera
directa y explosiva.
A veces, quienes se han hecho cargo del niño esperan
que éste se de cuenta
de que se le está cuidando y quieren que muestre
un alto grado de control
sobre sus emociones, sobre todo las negativas, no explicándose
porqué se
enoja cuando es tratado amablemente, o porqué hace
berrinches. Cuando éstos
son muy intensos, o frecuentes, pueden precisamemente
hacer que los padres
sustitutos piensen que no pueden hacer frente a ellos
y el niño debe irse de
su hogar, lo que tiende a exacerbar aún más
el problema a corto y largo
plazo.
Los padres sustitutos pueden suponer también que
el niño, que no ha tenido
disciplina ni cuidados consistentes con sus padres biológicos,
necesita que
se le den reglas, consecuencias por sus infracciones y
ser firme con él. A
menudo estas medidas fallan, porque el problema no es
sólo la falta de
reglas sino un intenso enojo preexistente y actual con
los padres
biológicos, con los servicios de protección
y con los que cuidan al niño en
el presente. El niño necesita límites claros
y firmes, de los cuales ha de
informársele en forma empática, sin embargo,
puede que el niño esté tan
enojado que mostrará intensa rabia de cualqueir
manera.
En lugar de tratar de suprimir enteramente la expresión
de la cólera, es
más útil el ayudar al niño haciéndole
notar su ira abiertamente. Para este
propósito se puede usar una técnica cognoscitva-conductual
desde que el
niño tiene unos dos o tres años de edad.
Se le puede enseñar a manifestar
sus sentimientos negativos con otras conductas más
socialmente aceptables
o bien de modo verbal. También, la enseñanza
puede ayudarlo a identificar
sus sentimientos y tratar de conectarlos con eventos del
presente o del
pasado.
Además de las experiencias que antes ha tenido
el niño, sus reacciones
conductuales ante los cambios de figuras de apego dependen
también de su
personalidad y su temperamento. Algunos niños son
mucho más fáciles,
tolerantes y adaptables a los cambios. Otros en cambio,
tienen reacciones
más intensas a las frustraciones, cuando se les
dice que "no" a algo que
quieren hacer o cuando se les ponen límites. Estos
niños más difíciles,
requieren de tecnicas de cuidados diferentes de aquel
que es más adaptable.
Por ejemplo será conveniente evitar en lo posible
los enfrentamientos
directos o conflictos de voluntades, y utilizar más
bien una estrategia de
sugerir al niño lo que ha hacer, razonar con él
y negociar una solución
aceptable que tome en cuenta los deseos del niño
y los de los padres. Estas
técnicas de cuidados requieren un alto grado de
paciencia , además de
empatía y una visión a largo plazo de la
relación y la necesidad de
establecer una relación positiva entre ellos y
el niño.
Es mejor trabajar en modificar una o dos conductas problemáticas
a la vez
que intentar que el niño cambie todo su sistema
de comportamiento de un dia
para otro. El intentar un cambio tan radical y abrumador
puede exasperar al
niño y hacerle sentir que se desaprueba de él
globalmente.
A veces el niño muestra un patrón de búsqueda
de peligros y puede tener
accidentes frecuentes, pues prácticamente" no siente
miedo". Ha logrado
conquistar la sensación consciente de vulnerabilidad
y miedo a través de no
sentir esta emoción, y en cambio, busca situaciones
de peligro en donde
pueda sentir, una y otra vez, que es valiente, que no
le va a pasar nada y
que él está en control de su situación.
En muchos niños esta es una defensa
psicológica contra la sensación de no ser
cuidado y tener qué enfrentar
peligros abrumadores. En otros cuantos niños más
bien los accidentes
frecuentes y la falta de percepción del peligro
pueden deberse a déficit de
atención y dificultades en la integración
sensorial ( Maldonado-Durán,
Sauceda-Garcia y Jasso- Gutiérrez, 1995 )
IIId Dificultades en el apego.
Recientemente varios autores han descrito un número
de trastornos del apego
(Lieberman y Zeanah , 1995 ) o vínculo padres-
hijo, los cuales es
necesario tener en cuenta cuando se está frente
a un niño que ha sufrido
varios cambios de cuidadores primarios.. Tradicionalmente
se han considerado como tales dos trastornos principales,
uno es la falta de apego, en que el niño no tiene
la oportunidad de
relacionarse con otras personas debido a negligencia masiva
en sus padres,
de modo que no aprende a confiar en nadie y evita las
interacciones con
otras personas. El segundo tipo es la socialización
indiferenciada y la
conducta desinhibida. Los autores mencionados han descrito
otras
alteraciones en el sistema de apego que causan modificaciones
patológicas
en la conducta del niño. Algunas de las principales
se mencionan a
continuación, enfatizando sus manifestaciones fenomenológicas
en términos de
la conducta observable del niño e ilustrando con
breves viñetas clínicas.
No dejar que los padres sustitutos se acerquen física
o
emocionalmente
Fidelidad a los padres biológicos
Se ha reconocido el fenómono clínico de que
se establece un apego a los
padres aún cuando éstos sean abusivos o
fallen en su función de satisfacer
las necesidades emocionales de su hijo o hija: el niño
se acercará a ellos
buscando protección aun cuando estas mismas personas
sean quienes lo han
maltratado en otras ocasiones. Una característica
fundamental del ser humano
vulnerable e inmaduro es el necesitar una figura de apego,
para satisfacer
sus necesidades básicas físicas y emocionales.
El niño pequeño no tiene la
oportunidad de comparar los cuidados que le brindan sus
padres con los de
otros padres, o sea que no tendrá una perspectiva
de lo que le sucede en su
familia. De tal modo se desarrolla un apego entre el niño
y sus padres
biológicos, aunque éste puede ser inseguro,
ambivalente o confuso. Mary Main
en sus trabajos con niños maltratados ha encontrado
el patrón de apego
confuso entre el niño y sus padres cuando aquél
ha tenido experiencias de
maltrato.
No obstante, cuando el niño es transferido a un
hogar sustituto, no por ello
hace inmediatamente también, en forma concomitante
a la transferencia física
de domicilio, una transferencia emocional de cariño
y fidelidad a los padres
sustitutos. Más bien, sigue pensando en sus padres
biológicos y
extrañándolos. Esto es más factible
cundo los padres biológicos eran
inconsistentes en sus cuidados o negligentes, más
que fisicamente agresivos
con sus hijos todo el tiempo ( algunos niños que
son aterrorizados por sus
padres experimentan una sensación de alivio y euforia
al ser separados de
sus padres ).
En los casos a que nos referimos, el niño no deja
de pensar en sus padres
biológicos y necesitarlos, sólo porque algunos
extraños ( como las
trabajadores sociales, el juez, los servicios de protección
al menor, etc. )
han decidido que debe separarse físicamente de
sus padres.
A veces, los padres sustitutos, en su deseo de ayudar
y compensar por el
pasado traumático, tratan de acercarse emocionalmente
al niño o niña en
forma prematura, y son rechazados. Estos adultos, bien
intencionados,
piensan que todo lo que el menor necesita es ser tratado
amorosamente . Al
manifestarle cariño de modo abierto y efusivo,
pueden provocar resentimiento
y enojo en el niño. Para el adulto puede resultar
obvio, desde su punto de
vista racional, que los padres biológicos no eran
satisfactorios y
cometieron muchos errores, lo cual no es tan obvio para
el hijo.
El niño pequeño, al encontrarse en un hogar
nuevo, puede añorar estar con
sus padres biológicos y extrañarlos, los
recuerda e idealiza. Si hay una
ocasión especial como la Navidad o año nuevo,
su cumpleaños u otra ocasión
así, es posible que el niño reaccione intensamente
y manifieste aún más
rechazo o enojo hacia los padres sustitutos.
En realidad, y en términos generales es un signo
esperanzador que el niño
extrañe a sus padres biológicos, los quiera
ver, hable de ellos y les sea
"fiel" . En ocasiones, los padres sustitutos no se dan
cuenta de esto.
Piensan que si el niño rápidamente los acepta
como los" nuevos padres" esto
quiere decir que es muy adaptable y que ellos están
haciendo un buen
trabajo con él. Esta aceptación prematura
y falta de tristeza por no ver
o estar con los padres biológicos más bien
puede reflejar una dificultad en
el apego del niño con las personas en general.
En ocasiones, por tratar de ayudar al niño, los
padres sustitutos
intentan que el niño hable -prematuramente de sus
experiencias negativas
con sus padres biológicos, con la intención
de favorecer que " enfrente la
realidad" y trabaje con ella psicológicamente.
El niño podría no estar
preparado para confiar en un extraño, como es el
padre sustituto en la
fase inicial de la vida juntos. También puede temer
que se piense mal de
sus padres y que por lo tanto no los volverá a
ver.
Carlos es un niño de siete años de edad,
que ha estado antes en dos hogar
sustitutos. Sus padres biológicos habían
sido negligentes y ambos se
dedicaban a actividades criminales como robar y vender
drogas. Carlos era
el " bebé" de sus padres, quienes cuando estaban
sobrios le afirmaban que
lo querían mucho y no le ponían ninguna
clase de límittes. Los servicios de
protección sacaron de la casa de esta familia a
los cuatro hijos de esta
pareja y los pusieron en diferentes hogares sustitutos.
Carlos es
hiperactivo y muy impulsivo, por lo que es difícil
para él estarse quieto y
en calma. En el presente hogar sustituto, con el Sr. y
la Sra. B. él es
el " hijo único". La Sra. B. trata de brindarle
toda clase de atenciones,
leerle cuentos en la noche, besarlo antes de dormirse,
antes de despedirse,
etc. Le pregunta sobre sus sentimientos e insiste en abrazar
al niño pues
siente compasión por él. Entre ella más
trata de acercarse, el niño más
lo resiste.
Carlos lucha consigo mismo entre sus necesidades de compañía
y cuidados por
un lado, y un sentido de fidelidad hacia sus padres biológicos,
y enojo
porque fué sacado de la casa de ellos Ha decidido
que no nadie tomará el
lugar de sus padres. La Sra. B. lo trae a consulta porque
el niño la
rechaza y recientmente ha comenzado a pegarle y darle
patadas cuando ella
trata de hablar con él y lo intenta abrazar para
calmarlo. Esto llega al
punto de que la Sra. B. decide que no puede tolerar que
el niño le pegue y
los servicios de proteccion al niño lo cambian
de hogar sustituto. Con la
nueva familia, Carlos se "porta muy bien" y dice que está
a gusto. Los
nuevos padres son mucho más distantes emocionalmente,
un tanto autoritarios
y pragmáticos. Su estilo de crianza es más
severo y rígido y esto
tranquiliza a Carlos. Éste dice que le gusta estar
allí. La explicación más
probable es que siente que estos padres no intentarán
tomar el lugar de sus
padres biológicos.
Relación indiscriminada y apego superficial y falso
: trastorno de apego desinhibido
Una forma clínica de presentación de los
trastornos del apego es la
sociabilidad indiscriminada y la falta de verdadera intimidad
con alguien en
especial. Debido a repetidas pérdidas y cambios
en las figuras parentales o
de proveedor primario de cuidados, el niño puede
defenderse psicológicamente
no dependiendo ni contando con nadie, no esperando compasión
ni cercanía
emocional y tratando de cuidarse solo. Algunos niños
dejan de establecer
relaciones interpersonales íntimas con figuras
parentales y en su lugar
establecen relaciones utilitarias, es decir, de usar a
las demás personas en
forma indistinta. Entonces, una persona es exactamente
igual que cualquiera
otra. Esto se puede manifestar por una facilidad exagerada
para acercarse a
otras personas, para entrar en su intimidad y para pedirle
a alguien que
acaba de conocer que lo invite a su casa, que lo atienda
o lo cuide. Los
adultos se convierten en un concepto indiferenciado :
alguien que se usa
pero de quien no se espera ninguna clase de cercanía
emocional.
El niño que ha estado expuesto a múltiples
familias, puede dejar de esperar
ser tratado en forma exclusiva e íntima . Una defensa
contra esta sensación
de dependencia y vulnerabilidad es el usar a las personas
como objetos
intercambiables, sin importar mucho quién es la
persona que lo cuida, en
tanto que sea proveedor de alimentos, servicios y cuidados.
Algunos niños
tienen una especie de " promiscuidad psicológica"
que se manifiesta por la
rápida entrada en confianza, y la falta de precaución
o temor ante extraños.
El niño podría pedir un satisfactor a cualquier
persona, y abrazar a quien
esté frente a él en ese momento, o incluso
ir a la casa de esa persona sin
preocuparse.
José es un niño de ocho años. Ha
estado antes en varios hogares sustitutos.
El psiquiatra infantil que lo atiende lo ha seguido a
lo largo de su
estancia con varias familias sustitutas. José es
excesivamente confianzudo.
Ya no se preocupa de quén sea la siguiente familia
o persona que lo cuidará.
Al dia siguiente de ser puesto en el hogar de sus nuevos
cuidadores, ya los
llama " papá" y " mamá" como si los hubiera
conocido desde hace mucho
tiempo. Es demasiado autónomo o un tanto explotador
de los demás.
Inversión de roles respecto a la figura de apego
Se ha descrito un patrón de trastorno del apego
en que la relación entre el
progenitor y el niño se vé invertida: el
niño es quien proporciona
seguridad emocional y cuidados al adulto. El niño
que es particularmente
inteligente o sensible podría ser " reclutado"
por una madre o padre con
dificultades psicológicas ( como un trastorno grave
de ansiedad, uno
disociativo o de personalidad, o bien dificultad para
estar solo ) para
sevirle como objeto tranquilizador y darle seguridad.
El niño puede
desarrollar todo un repertorio de cuidados y atenciones
hacia el progenitor
con el fin de mantenerlo más o menos funcional.
Este mismo patrón se vuelve
presente en la relación con los cuidadores sustitutos:
Tomás tiene siete años de edad y ha estado
en catorce hogares sustitutos
hasta hoara. Con su nueva familia tiene berrinches frecuentes
y es "
desafiante". Toma sus propias decisiones y le cuesta trabajo
negociar con
la madre sustituta. En la oficina del clínico,
muestra un patrón que se
descubre ha ejercido con su madre biológica durante
años. Tomás está muy
interesado en "ayudar" al terapeuta: recoge las cosas
del consultorio, se
mete abajo de los muebles para encontrar objetos perdidos,
le da consejos
sobre cómo arreglar los muebles y se siente feliz
cuando se le permite hacer
todo esto. Tomás se siente mucho más cómodo
en la posición de "ayudador"
que en la de un niño vulnerable y atemorizado.
Si siente que es de utilidad
y se le necesita para arregarlo todo está a sus
anchas. El entender esto
fué de gran ayuda a la madre sustituta , dándole
entonces a Tomás
oportunidad de repertir con ella ese patrón de
relación que el niño habia
ido perfeccionando durante años y le hacía
sentirse eficaz y en control de
la situación. Sólo paulatinamente se trabajó
en que aceptara ser tratado
más como un niño.
IIIe. Dificultades en la alimentación
Las alteraciones en la alimentación y en el comer
son un tema frecuente en
la atención de los niños que resultan expuestos
a cuidadores múltiples. Esto
puede ser el reflejo de varios factores. Uno de ellos
es la forma en que
fueron alimentados ( o no ) por sus padres biológicos.
Otro son las
alteraciones que pueden desarrollarse desde muy temprana
edad en el niño
que es alimentado en condiciones adversas o en una situación
de
alimentación inadecuada ( por ejemplo, no se come
enmedio de interacciones
sociales, o hay violencia durante la comida, o al niño
se le deja a sus
propios recursos para comer ). Otro factor más
puede ser que el niño tenga
antecedente de no haber comido lo suficiente, o lo que
deseaba comer y
hubiera tenido fallo del crecimiento, enanismo nutricional
( growth
stunting ) o no haber aprendido a comer cuando sentía
hambre, a comer a
determinadas horas, etc.
Un problema frecuente es que el niño ha tenido
experiencias de comer muy
diferentes de las de sus nuevos cuidadores. Por ejemplo,
el niño que comía
en cualquier momento, y que no tenía a nadie que
le ayudara a estar sentado,
a " no hacer ruidos" durante la comida, a no comer con
las manos a los
cinco o seis años, etc. puede hacer exactamente
esto con las personas que
ahora lo tienen a su cuidado. Los padres sustitutos pueden
sentirse
frustrados por la mala técnica del niño
para alimentarse, o por otras
dificultades descritas más adelante.
Hambre y sed excesivos, sin crecimiento estatural.
En los niños expuestos a un alto nivel de estrés
o a cuidadores sustitutos
se han descrito (Demb, 1991. Skuse y cols, 1996 ) esta
clase de problemas
de alimentación. Es común que el niño
que se encuentra en un nuevo hogar y
con padres sustitutos muestre dificultades para regular
su alimentación. Se
observa que el niño parece insaciable y que tiene
hambre o sed todo el
tiempo. A veces roba comida para guardarla en lugares
secretos, como en su
cuarto o debajo de la cama o la almohada. Puede especularse
que el niño
siente que no se puede confiar en los adultos como satisfactores
por lo
que tendrá qué buscar alimentos solo y usar
sus propios recursos. Skuse y
sus colaboradores ( Skuse y cols, 1996 ). han descrito
un síndrome de alto
nivel de estrés psicosocial con apetito excesivo
, en el que sin embargo el
niño no aumenta de estatura por déficit
de hormona del crecimiento, que es
reversible cuando este estrés disminuye.
Dificultades en las habilidades para alimentarse.
Algunos niños no tienen la experiencia de regular
su ingesta de comida y
pueden comer o tomar líquidos en exceso hasta vomitar.
Otros niños no saben
regular la velocidad de sus ingestiones y se atragantan
de comida sin poder
procesar la que tienen ya en la boca, por lo que tendrán
qué escupirla o
bien casi se ahogan. Algunas veces el menor no ha tenido
la experiencia
de sentarse a comer, utilizar cubiertos ni de modificar
su conducta para
hacerla socialmente aceptable, pues nadie se lo ha enseñado.
Todas estas
características pueden entrar en conflicto con
las expectativas de los
padres sustitutos, sobre todo si éstos no saben
casi nada de las
experiencias previas del niño en el area de la
alimentación.
En general es útil que los adultos tengan presente
la experiencia previa del
niño respecto a su alimentación y la entiendan
desde el punto de vista de
éste. Algunos niños requerirán observación
intensa para ayudarlos a no
comer demasiado hasta que vomiten, o para meterse bocados
poco a poco, etc.
Es decir, se requiere aún un agente externo para
regular su alimentación.
Sólo con el paso del tiempo el niño aprenderá
que puede confiar en los
adultos y ejercer él funciones de auto-regulación
de su ingesta y aprender
a sentir la sensación de hambre, sed y de saciedad.
Sólo con paciencia y
enseñanza paulatina puede ayudarse al niño
a recuperar tiempo perdido en
términos del desarrollo de la capacidad para comer
y alimentarse
racionalmente. Es preferible invertir las energías
en crear una interacción
de alimentación tranquila y agradable, y trabajar
poco a poco en los
problemas observados sin tratar de resolverlos todos rápidamente.
III.f. Dificultades en el dormir
Éstas son también muy frecuentes en el niño
que ha sufrido las experiencias
arriba descritas. Son un motivo de gran preocupación
para quienes cuidan o
conviven con el niño, y de sufrimiento y estrés
para el niño mismo. Los
problemas del sueño ( Anders y Eiben, 1997 ) ocurren
en el momento de
iniciar el sueño, o bien durante éste. Pueden
consistir en despertarse
frecuentemente ( Zuckerman, Stevenson y Bailey, 1987 )
o en las llamadas
parasomnias ( Rosen, Ferber y Mahowald, 1996. Rosen, Mahowald
y Ferber,
1995 ) siendo frecuentes sobre todo las pesadillas y los
terrores
nocturnos, en particular cuando el niño ha sido
expuesto a situaciones
traumáticas (Sadeh, 1996 ) .
Hay qué tener en cuenta la posibilidad de factores
de naturaleza orgánica o
médica como causantes de trastornos del sueño.
Uno de los problemas más
notables en esta area es la apnea obstructiva en el niño
pequeño ( Carrol,
1996. Carrol y Loughlin, 1995 ) . Éste puede tener
hipertrofia de las
amígdalas y las glándulas adenoideas. Durante
el sueño, al relajarse los
músculos alrededor de estas estructuras ( orofaringe,
paladar blando,
lengua, etc. ) durante la inhalación puede cerrarse
completamente la vía
aerea. Esto hace que el niño tenga qué despertarse
frecuentemente, en forma
imperceptible para él y para los adultos, para
poder hacer permeables las
vias areas superiores. Con estas maniobras repetidamente,
la eficacia del
sueño disminuye y el niño puede parecer
somnoliento durante el día. El
dormir menos horas de lo necesario es causa común
de irritabilidad o
hiperactividad en el niño de edad preescolar.
Naturaleza regresiva o primitiva del inicio del
sueño
Al acercarse la hora del sueño, se está más
vulnerable. El niño pequeño está
más irritable y los mecanismos de funcionamiento
del yo están debilitados.
Tendrá más necesidad de que una figura de
apego ( o una base segura ) que
esté con él para ayudarlo a hacer la transición
al dormir. Este no es un
proceso fácil, pues requiere de confianza en que
alguien va a estar
cuidándolo y que nada terrible va a suceder durante
la noche. Muchos niños
que han sufrido pérdidas e interrupciones en la
relación de apego con sus
padres tendrán problemas para hacer esta transición.
Elena tiene cinco años. Está al cuidado
de su abuela paterna, pues su mamá
tuvo dificultades legales por su uso de cocaína
y no proporcionar cuidados
adecuados a su hija. La abuela trae a la niña a
consulta porque la niña
tiene berrinches frecuentes y no coopera con ella. Menciona
que a la niña
le cuesta trabajo dormirse y describe como muy raro o
" anormal" el ritual
que Elenaha inventado para poderse dormir: pone cuidadosamente
a sus muñecos
de felpa ( o peluche ) alrededor de ella encima de la
cama, formando una
linea en semicírculo a su alrededor. Les habla
a la hora de acostarse e
insiste en jugar a que ella es la mamá y los niños
( los muñecos ) se van a
dormir y tienen miedo. Fué relativamente fácil
convencer a la abuela del
valor adaptativo de este ritual, que ella había
visto inicialmente como un
signo de psicopatología. Elena lucha contra su
ansiedad necesitando crear
una barrera de protección, pero sobre todo de figuras
sustitutas de apego
que le proporcionarán contacto físico durante
la noche y la sensación de
seguridad. Disminuye su ansiedad jugando a que ella es
la mamá, lo que la
hace sentirse menos vulnerable.
Dificultades para iniciar el sueño
Este es un problema muy frecuente y que a veces desespera
a quienes cuidan
al niño. Desean descansar y tener un rato para
estar a solas, pero esto a
veces es difícil porque el niño no logra
dormirse. Algunos chicos no
pueden dormirse porque están agitados al anochecer
y les es difícil irse
tranquilizando para conciliar el sueño y " apagar
su cerebro " para poder
hacer la transición de la vigilia al sueño.
Otros niños tienen problema
para dormirse porque tienen mucha ansiedad o miedo. Es
común que el niño
que ha sido traumatizado o maltratado tenga recuerdos
cuando va a dormirse
y esto precipite que trate de estar despierto o que requiera
la presencia
constante del padre sustituto para poder quedarse en la
cama o dormirse. El
niño que tiene trastorno por estrés postraumático
puede manifestar
agresión durante la noche y pelear con quienes
lo cuidan para evitar
dormirse. Otros niños con estos antecedentes se
imaginan monstruos, tiene
ilusiones ópticas de visualizar sangre, monstruos,
fantasmas,o puede oír
sus voces durante la noche. Las voces pueden ser los recuerdos
vívidos (
flashblacks ) de escenas anteriores de violencia hacia
ellos o hacia alguien
más.
El reto para quienes cuidan al niño es que éste
puede no ser capaz de hablar
de lo que está sintiendo, sobre todo si el niño
es muy pequeño. Entonces el
adulto tendrá qué adivinar lo que le podría
estar sucediendo al niño y
tratar de tranquilizarlo.
Precisamente la creación de rituales que lo tranquilicen
y le ayuden a
calmarse pueden favorecer la transición al sueño.
El leer cuentos que no
sean de cosas desagradables, el oír música
suave o el tener contacto físico
con el adulto que cuida del niño pueden ayudarlo.
En todo caso hay qué tener
paciencia. Las alteraciones del sueño deben mejorar
con el tiempo cuando se
deben a ansiedad y al ajuste de vivir con alguien desconocido.
A medida que
el niño se vaya sintiendo más seguro, esto
desaparecerá , excepto en los
casos de trastorno postraumático. Cuando al dificultad
del sueño es grave y
persistente, o no responde maniobras psicosociales, puede
ser necesario el
uso de medicamentos para ayudar al niño con la
ansiedad excesiva: el
propranolol puede disminír esa ansiedad. La clonidina,
que causa
somnolencia y disminuiye la hiperactividad e impulsividad,puede
ayudar al
niño a dormirse
Dificultad para mantener el sueño.
Puede haber varios fenómenos: el niño se
despierta durante la noche y
requiere atención. El lactante y el preescolar
pueden llorar y necesitar
ser tranquilizados por quien los cuida. Otros niños
se despiertan muy
temprano, como a las tres de la mañana y están
listos para comenzar un nuevo
dia. En otros niños hay una de las parasomnias
como las pesadillas o el
terror nocturno.
En cuanto al despertar durante la noche, la fisiología
normal del sueño
incluye el hecho de que todos los niños se despiertan
unas tres a cuatro
veces durante la noche. La mayoría de veces nadie
nota este hecho pues el
niño al abrir los ojos se encuentra en un lugar
con el que está
familiarizado y se vuelve a dormir por sí solo.
Esto puede no ocurrir en el
niño que está en un lugar extraño
o se siente muy inseguro, o no ha
aprendido a dormirse sin la presencia de un adulto en
todo momento. Si el
niño se despierta y está en un lugar oscuro
puede sentir miedo y tratar de
pasarse a la cama de quien lo cuida. En las culturas de
Latinoamérica no
hay una desaprobación tan marcada de que el niño
pequeño duerma con sus
padres. En EE.UU. y otros países los adultos piensan
que en ningún caso los
niños deben dormir con sus padres, ni aún
el recién nacido.
Cuando el niño tiene mucha ansiedad durante la
noche, y no puededormirse de
nuevo sin ayuda de un adulto, el permitir al niño
"pasarse a la cama" de
los adultos lo ayudará a sentirse protegido de
nuevo ( Largo, 1984 ) . Esto
es útil sobre todo si el niño ha sufrido
experiencias muy traumáticas y
tiene dificultad para que se le tranquilice, o si tuvo
una pesadilla.
Cuando el niño es algo mayor, por ejemplo de unos
diez o doce años, también
siente este miedo intenso pero puede ser problemático
que duerma con los
adultos. En tal caso puede ser suficiente que el niño
duerma al lado de la
cama el resto de la noche o en alguna otra parte de la
habitación pero
dondese sienta seguro.
En el terror nocturno ( pavor nocturnus ) el niño
típicamente grita al
iniciarse el episodio. Éste suele ocurrir en el
primer tercio de la noche.
Se sienta en la cama ( o se levanta ) y está aterrorizado,
puede decir
algunas cosas pero realmente no está despierto.
El episodio termina por si
solo en unos diez o quince minutos. Luego vuelve a dormirse
y a la mañana
siguiente no recuerda lo que sucedió.
La recomendación principal para ayudar al niño
con terrores nocturnos es
disminuír su estrés durante el dia y ayudarlo
a dormirse sin demasiado
temor. Los que cuidan al niño deben estar preparados
para contener al niño
durante la noche y entender que no está realmente
despierto. Hay qué
ayudarlo a volver a acostarse y reanudar el sueño
normal.
Cuando los episodios son muy frecuentes, puede intentarse
la técnica de
despertar al niño un poco antes de la hora en que
típicamente ocurre el
episodio. Esto altera la arquitectura del sueño
y puede prevenirlo esa
noche. Si esto no es eficaz puede intentarse usar medicamentos
como los
inhibidores de la recaptación de la serotonina
( por ejemplo Paroxetina )
sobre todo en el niño mayor.
Otras alteraciones conductuales
Hay toda una serie de posibles dificultades adicionales.
Sólo se mencionan
algunas que son muy comunes y que fácilmente pasan
desapercibidas.
Muchos niños que no han sido cuidados en forma sensible
o continua por
sus padres u otros adultos, tienen manifestaciones en
aspectos más sutiles
de su desarrollo y que son fácilmente pasadas por
alto. Una de ellas
consiste en la capacidad para relacionarse en forma recíproca
y para
comunicarse con el lenguaje y la habilidad para "leer"
las emociones o
gestos de los demás.
Cuando el niño ha sido tratado en forma negligente
o con violencia, es
común no tenga experiencia en comunicarse verbalmente
en cuanto a sus
emociones y estados internos. Es común que estos
progenitores no hablen a
sus hijos de lo que está pasando ni tengan largas
conversaciones con ellos,
pues tienen un alto nivel de estrés ellos mismos.
Una consecuencia es que
el niño puede tener déficit en el desarrollo
del lenguaje y tal deficiencia
no se reconozca. Se requiere de una exploración
propositiva de este aspecto
para darse cuenta del problema. El niño puede tener
un vocabulario
suficiente o aceptable, pero no ser capaz realmente de
comprender lo que se
le dice en una conversación. Puede que no entienda
muchas palabras y no haga
saber a nadie que no entiende lo que le están diciendo.
Esta puede ser una
de las razones de su falta de cooperación o desafío
de los adultos, que no
entiende realmente lo que se le está pidiendo pues
se usa un lenguaje
demasiado complejo para el niño. Un estudio reciente
de niños en cuidados
sustitutos ( Klee, Kronstadt y Zlotnick, 1997) encontró
una alta frecuencia
( la mayoria de niños estaban afectados ) de diversos
retrasos en el
desarrollo y en la habilidad motriz.
Otra dificultad puede ser que el niño no logre
organizarse suficientemente
en el area del lenguaje para expresar sus sentimientos
o reacciones. Por
ejemplo, si se siente enojado no sabe cómo expresarlo
y no tiene la
experiencia de que el hablar de sus sentimientos signifique
algo o haga
alguna diferencia en su medio ambiente. El niño
requerirá que se le enseñe
paulatinamente a expresar lo que siente, a nombrar sus
sentimientos y a
entender a las otras personas. A esto se le ha llamado
el tomar la
perspectiva social. El niño no sabrá automáticamente
hacer esto si alguien
no le enseña a reflexionar sobre los estados internos
de él mismo y los de
los demás. Sólo de esta manera podrá
entender que las personas tienen una
variedad de sentimientos y que también tienen intenciones
y su propio
punto de vista, que puede ser distinto del suyo.
Fenómenos postraumáticos.
Una revisión completa de las manifestaciones de
estos problemas de ansiedad
está fuera del alcance de este capítulo.
No obstante hay qué tener presente
que muchas de alas conductas difíciles del niño
pueden deberse a ansiedad
postraumática y que deben tratarse como tales.
En los fenómenos postraumáticos, el niño
pequeño tiende a revivir
experiencias del pasado que han sido abrumadoras: pueden
ser de naturaleza
agresiva hacia él mismo o hacia otros ( como su
madre u otro ser querido ),
o bien sexual. Otras son la separación traumática,
amenazas o ser puesto en
peligro o abandonado. Entre más pequeño
es el niño, le es más difícil
verbalizar sus recuerdos.
El cuerpo registra estas experiencias y las manifiesta
después a través de
"re-actuaciones" que pueden tener lugar en forma de actos
agresivos, de
buscar protección, de huir o actos de naturaleza
sexual. Estos recuerdos
también pueden actuarse también a través
del juego traumático, que es
repetitivo, monótono, con lo que trata de dominar
las experiencias
traumáticas una y otra vez.
El niño que tiene estos problemas de ansiedad puede
manifestar una gama de
síntomas que semejan los antes descritos: dificultades
del sueño (
interrupción, pesadillas, problema par ainiciar
el sueño ), o bien
hiperactividad y falta de concentración, estar
siempre ansioso o tener
reacciones de descontrol inexplicables, por ejemplo actos
agresivos o de
miedo. El niño no puede hablar de sus experiencias
pero hay qué tener en
cuenta su historia previa para poder ayudarlo.
IV INTERVENCIONES
Una revisión completa de las posibilidades de intervención
necesitaría un
capítulo separado para poder describir en detalle
todas las modalidades de
intervención. Aquí se mencionan sólo
brevemente algunas de las maniobras que
pueden ser de mayor utilidad para ayudar al niño
y a la familia a hacer
frente a la situación presente. Antes se han mencionado
algunas
intervenciones conductuales, cognoscitivas y de tipo psicodinámico
para
aliviar síntomas como los problemas de alimentación,
del sueño y en el apego
del niño. A continuación se describen algunas
de las intervenciones más
comunmente necesarias.
Prevención.
La mejor intervención sería el evitar que
el niño pequeño, debido a
maltratos o negligencia, tenga uqé ser separado
de su familia. Los programas
de prevención de maltrato que han mostrado mayor
eficacia son los que
implican visitas domiciliarias por un tiempo prolongado,
realizadas por
personal de salud que esté capacitado a ayudar
a la familia a resolver
problemas. Más recientemente, se han usado programas
de "preservación de la
familia" ( Klee, Kronstadt y Zlotnick, 1997 ) que con
frecuencia
incluyen intervenciones de terapia familiar y otras de
tipo psicosocial en
la casa de la familia de que se trate. Esto puede prevnir
que el niño tenga
qué ser separado de sus padres.
Cuidados sensibles.
Los padres sustitutos requerirán de una gran cantidad
de paciencia para
entender y hacer frente a las múltiples demandas
de cuidado y psicológicas
de un niño o niña que ha sido alejado de
sus padres. Una idea que ayuda a
los padres a entender al menor a su cuidado, es el pensar
en qué siente el
niño ante la situación presente, y cómo
podría sentirse respecto a lo que
le sucedio en el pasado. El pensar en la vida emocional
del niño ayudará a
los padres sustitutos a ser sensibles a las necesidades
del menor en téminos
de ser contenido, de tratarlo de modo empático
y de guiarlo en cómo modular
su comportamiento en general.
Empatìa y nombrar sentimientos, construcciòn
de la reflexiòn
sobre sí mismo y los demás.
Una relación adecuada con los padres sustitutos
puede tardar mucho tiempo en
desarrollarse, y esto depende también de las cualidades
individuales de cada
niño. En general es útil expresar al niño
que el adulto entiende su
situación y legitimizar sus emociones negativas
respecto a los padres
sustitutos ( como el temor hacia a ellos, la falta de
familiaridad, el
enojo, etc. ). El nombrar los sentimientos que podría
experimentar el niño
puede ayudarle a entender sus propias reacciones y ejercer
más control sobre
sus expresiones de frustración, enojo o rabia,
así como las experiencias
que le suscitan ansiedad.
Paulatinamente, es necesario que quien cuida al niño
le ayude a reconocer
sus emociones, que en principio pueden sólo actuarse
a través de peleas,
berrinches, desafíos, negación de cualquier
necesidad de dependencia, etc.
En la interacción cotidiana, el adulto elaborará
teorías sobre lo que le
sucede al niño y habrá qué tratar
de responder a la situación en forma
empática. Es menos importante la disciplina, aunque
los límites son
necesarios, y es más necesaria la sensación
de apoyo emocional y de que
alguien entiende la situación del niño.
El hablar sobre los sentimientos
del niño puede ayudarlo a empezar a expresar sus
distintas emociones en
forma verbal y a reconocer necesidades emocionales. Esto
ayudará al niño a
controlar su conducta más demandante y difícil.
Cuando el adulto tiene una relación positiva con
el niño, es posible que
éste permita que se hable de su historia pasada
y de las experiencias que
tuvo con sus padres o de lo que le ha sucedido antes.
Con algunos se puede
elaborar una especie de historia de la vida hasta el presente,
y estas
piezas de um rompecabezas le ayudarán al niño
a entender su situación y a sí
mismo. También le puedeserle útil para entender
la conducta de sus padres
biológicos y elaborar teorías sobre porqué
actuaron como lo hicieron. El
darle sentido a la conducta de los demás, por medio
de la reflexión sobre
los estados internos de otros puede ayduar al niño
a lograr una mejor
adaptación o rsolución de las situaciones
traumáticas previas.
Uso de medicamentos
En general es recomendable no usar medicaments psicotrópicos
con el niño
pequeño, particularmaente antes de los tres años
d}e edad. Sin embargo, en
el niño de más de tres años y que
tiene una alteración conductual grave, se
puede intentar un número de medicamentos. Cuando
hay un marcado déficit de
atención e hiperactividad se puede intentar una
dosis terapéutica de
metilfenidato o dexedrina. Si el niño tiene marcada
ansiedad, un
ansiolítico no adictivo como la buspirona podría
serle extremadamente útil.
En el que está intensamente agresivo y que tiene
múltiples berrinches
durante el dia o no duerme bien, se pueden intentar el
uso de clonidina .
Ésta reduce la hiperactivdad y la capacidad del
niño para dormir al
acostarse pues puede provocar somnolencia nocturna . Hay
qué evaluar
previamente el funcionamiento cadíaco y la presión
arterial para asegurarse
de que no habrá contraindicaciones en estas areas.
Se puede intentar
medicamentos como el propranolol para reducir la ansiedad
en la vida
cotidiana.
Terapia multimodal
Además de los medicamentos, una serie de intervenciones
terapéuticas pueden
ser de ayuda al niño. Puede incluír la terapia
de juego en que el niño
será capaz de actuar en forma simbólica
algunas de sus experiencias, temores
y emociones en general en un marco de seguridad y aceptación,
como es el
juego simbólico.
El terapeuta podría usar tambén técnicas
cognoscitivo-conductuales para
ayudar al niño a modificar su conducta paulatinamente:
por ejemplo
encontrando nuevos métodos de cexpresar su enojo
o sus temores, cómo comer,
qué hacer para poder dormirse y no sentir tanto
miedo, etc. La terapia
de familia puede ayuar a los padres sustitutos a entende
al niño, su
situación anterior y a encontrar formas adecuadas
a las características
únicas del niño para criarlo y responder
a sus preguntas y a sus enormes
necesidades.
En el niño traumatizado las técnicas de
relajación muscular, alivio de la
tensión y el uso de técnicas de biorretroalimentación
pueden ser eficaces, y
pueden usarse desde los dos o tres años de edad.
En el niño algo mayor
pueden ser útiles técnicas de autohipnosis
en que se enseña al niño a
encontrar un " lugar seguro" dentro de sí mismo
donde no habrá peligro ni
nadie lo atacará o amenazará.
V BIBLIOGRAFIA
Anders, T.F., Eiben, L.A. Pediatric sleep disorders: A
review of the past
10 years. Journal of the American Academy of Child and
Adolescent
Psychiatry. 1997. Vol. 36. No. 1. 9-20.
Carrol, J.L. Sleep- related upper-airway obstruction in
children and
adolescents. Child and Adolescent Psychiatric Clinics
of North America.
1996.Vol 5. No. 3. 617-647
Carrol, J.L., Loughlin, G.M: Obstructive sleep apneaisyndrome
in infants
and children. En: Ferber, R., Kryger, M., ( eds.) Principles
and practice of sleep
medicine in the child. 1995 Philadelphia. . W.B: Saunders
Company. 163-192.
Demb, J.M. Reported hyperphagia in foster children. Child
Abuse and
Neglect. 1991. Vol. 15. No. 1-2. 77-88
Drell, M.J., Siegel, C.F., Gaensbauer, T.J. Post-Traumatic
Stress disorder.
En. Zeanah,C. Jr. ( ed. ) Handbook of Infant Mental Health.
1993. New York.
The Guilford Press, . 291.304
Farrel Erickson, M., Egeland B., Pianta R. The Effects
of maltreatment on
the development of young children. En:. Cicchetti, D.,
Carlson V. ( eds.)
Child Maltreatment. 1989. Cambridge. Cambridge University
Press. . 647-684.
Gaensbauer, T.J., Siegel, C.H. Therapeutic approaches
to posttraumatic
stress disorders in infants and toddlers. Infant Mental
Health Journal.
1995. Vol. 16, No.4. 292-305.
Goldstein, H. Shaping our inquiries into foster and kinship
care. Families
in Society. 1997. Vol 78. No. 5. 451-453.
Klee, L., Kronstadt, D., Zlotnick, C. Foster care´s
youngest. a preliminary
report. American Journal of Orthopsychiatry. 1997. Vol.
67. No. 2. 290-299.
Krugman , Foster care . International Journal of Abuse
and Neglect.
Lieberman, A.F., Zeanah,C.H. Disorders of attachment in
infancy. Child and
Adolescent Psychiatric Clinics of North America. 1995.
Vol. 4. No. 3.
pp.571-588
Largo, R.H., Hunziker, U.A. A developmental approach to
the management of
children with sleep disturbances in the first three years
of life. European
Journal of Pediatrics, 1984. Vol. 142. 170-173.
Maldonado-Durán, M., Sauceda-Garcia, J.M. Jasso-Gutiérrez,
L. El pediatra y
la salud mental del preeescolar. Boletin Médico
del Hospital Infantil de
Mexico. 1995. Vol. 52. No. 10. 596-605
Mrazek, Patricia. Abuse and neglect of infants. En. Zeanah,
C. Jr. ( ed. ) :
Handbook of Infant Mental Health. 1993. New York. EE.
UU. The Guilford
Press.
Robertson, J. , Robertson, J. Separation and the very
young. 1989. Londres.
. Free Association Books.
Rosen,G.M., Ferber,R., Mahowald, M.W. Evaluation of parasomnias
in children
Child and Adolescent Psychiatric Clinics of North America.
1996.Vol 5. No.
3. 601-616.
Rosen,G., MG. , Mahowald, M.W., Ferber,R. Sleepwalking,
confused arousals
and sleep terrors in the child. En:Ferber, R., Kryger,
M., ( eds.)
Principles and practie of sleep medicine in the child.
1995 Philadelphia.
W.B: Saunders Company. 99-106.
Sadeh, A., Anders, T. Infant sleep problems: origins,
assessment
intervention. Infant Mental Health Journal. 1993. Vol.
14. 17-34.
Sadeh, A., Stress, trauma and sleep in chidlren. Child
and Adolescent
Psychiatric Clinics of North America. 1996. Vol. 5. 685-700.
Seaberg, J.R., Harrigan, M.P. Family functioning in foster
care. Familie sin
Soceity. 1997.Vol. 78. No. 5. 463-470.
Sheeringa, M.S., Zeanah, C.H. Symptom expression and trauma
variables in
children under 48 months of age. Infant Mental Health
Journal. 1995. Vol 16.
No. 4. 259-270
Skuse, D., Bentovim, A. Physical and emotional maltreatment.
En: Rutter, M.,
Taylor, E., Hersov, L ( eds. ). Child and Adolescent Psychiatry.
1994.
Oxford. Blackwell Scientific Publications. 209-229.
Skuse, D., Albanese, A., Stanhope, R., Gilmour, J., Voss,
L. A new
stress-related syndrome of growth failure and hyperphagia
in children,
associated with reversibility of growth-hormone insufficiency.
The Lancet,
1996. Vol. 348. 353-358.
Zeanah, C.H., Emde, R.N. Attachment disorders in infancy
and childhood. En:
Rutter, M., Taylor E., Hersov L. (eds.) Child and Adolescent
Psychiatry .
1994. Oxford. Blackwell Scientific Publications. . 490.504.
Zero to Three Classification of mental health and developmental
disorders of
infancy and early childhood. 1994. National Center for
Clinical Infant
Programs.
Zuckerman, B. , Stevenson, J., Baily,V. Sleep problems
in early childhood:
predictive factors and behavioral correlates. Pediatrics.
1987. Vol. 80.
664-671.
| Home | Announcements
| Members | Sección
en Español | Newsletters |
Slides
| Other Resources | Links
|