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DE COMO LA INTERVENCION PRECOZ EN LAS AFECCIONES GENETICAS PUEDE CAMBIAR
FAVORABLEMENTE SU EVOLUCION PSIQUICA.*
Esperanza P‚rez de Pl (M‚xico) **
Celia Delgado Teijeiro
Pienso que el tema de la intervenci¢n precoz en general,
o sea aquella que se realiza en los dos primeros a¤os de vida, es
uno de los m s adecuados para este Congreso que nos convoca a reflexionar
sobre el "Cambio de futuro". No hay duda que su utilizaci¢n
para la estimulaci¢n del desarrollo ha cambiado progresiva y
eficazmente desde hace algunas d‚cadas las perspectivas de vida de una
vasta poblaci¢n infantil y en particular la de los discapacitados.
Sin embargo hay una cierta confusi¢n en este campo por su diversificaci¢n
y con la misma palabra podemos entender diferentes acciones que tienen
distintas indicaciones. Quiero referirme hoy a una forma muy espec¡fica
de abordaje precoz, basado en la teor¡a psicoanal¡tica,
que se dirige al v¡nculo madre-beb‚. Aunque su origen est
en la observaci¢n del desarrollo normal y sus variantes (Spitz, Bick,
Winnicott, Lebovici, Stern entre otros) se ha ido aplicando cada vez m
s a situaciones perturbadas o ya francamente patol¢gicas,
por lo cual muchos autores como Cramer y Palacio-Espasa hablan de "psicoterapias
madres-beb‚s". Se trata de un tipo de intervenci¢n muy espec¡fico
y bien aplicado tiene resultados sorprendentes, tanto que considero puede
constituirse en un instrumento clave para cambiar las expectativas de evoluci¢n
ps¡quica y por lo tanto el futuro de muchos beb‚s.
Futuro quiere decir "lo que est por venir" y en medicina
lo invocamos refiri‚ndonos al llamado pron¢stico de la enfermedad
y por ende del paciente en cuesti¢n. Es indudable que modificar
favorablemente el pron¢stico de un padecimiento cualquiera es una
de las metas m s importantes de cualquier pr ctica cl¡nica. Y si
se trata de cambiar la evoluci¢n ps¡quica, proverbialmente pobre
e inmodificable, de los pacientes que padecen enfermedades gen‚ticas,
la empresa implica enfrentar un obst culo gigantesco. Es mi intenci¢n
transmitir a partir de la experiencia cl¡nica el planteo general
de esta forma de intervenci¢n, sus indicacones y los lugares donde
incide su acci¢n en esta psicopatolog¡a y las dificultades que
debe enfrentar nuestra postura para conseguir un espacio donde realizarse.
No ser posible por cuestiones de tiempo exponer los aspectos t‚cnicos
pero sin embargo pienso que podr n ser comprendidos, por lo menos
en parte, a trav‚s de un elocuente material cl¡nico.
Quiero agradecer en primer lugar a quienes nos impulsaron
a intervenir o sea a los padres de estos beb‚s que nos consultaron deseosos
de obtener alivio a sus angustias y mejores perspectivas de vida para los
peque¤os en que se hab¡a podido realizar ya un diagn¢stico
muy temprano de anomal¡a gen‚tica. Padres que poco antes hab¡an
sido notificados de que les esperaba el m s sombr¡o de los futuros
al que no se resignaban y que desde entonces hab¡an empezado
a vivir para "el ni¤o del s¡ndrome" . Apoyados por alg£n
colega m‚dico sensible al problema y que conoc¡a nuestra trayectoria
en el mbito de los trastornos severos del desarrollo tocaron nuestra
puerta y nos obligaron a replantear la utilidad de nuestros instrumentos
psicoanal¡ticos y su adaptaci¢n a estas situaciones particulares.
Nos obligaron a pensar y a cuestionar. De ah¡ surgi¢ este trabajo.
He notado que hablo a veces en plural porque formo parte de un
equipo y otras en singular porque en gran medida las opiniones vertidas
son personales, pero en el fondo es lo mismo porque nada de esto
hubiera podido surgir sin haberlo compartido con mis compa¤eros
de AMERPI y Tonalli (_) y en particular para este trabajo con la
Dra. Celia Delgado quien muy amablemente me ha autorizado a utilizar su
material cl¡nico.
Comencemos por reflexionar un poco m s sobre qu‚ significa emitir
un pron¢stico. El pron¢stico es por definici¢n y ante
todo una conjetura lo que muchas veces se olvida. Se extrae de los datos
cl¡nicos y se base en la experiencia recogida con casos similares.
Actualmente se suele expresar con valores num‚ricos, las cifras estad¡sticas,
que nos bombardean desde diversas fuentes. ¨C¢mo tomar esas cifras?
Quiero proponer cautela en su uso y reflexi¢n antes de repetirlas
y aceptarlas como ciertas y seguras y no olvidar que son conjeturas. No
se trata de negar su valor cuando se realizan rigurosamente pero tampoco
de olvidar su posible distorsi¢n si se ponen al servicio de
oscuros intereses. Pero sobre todo es necesario subrayar la relatividad
de muchos datos que a£n los investigadores bien intencionados nos
transmiten como seguros sin serlo. He ah¡ el problema: s¢lo
haremos intervenciones adecuadas y precoces, que son las m s efectivas,
si estamos bien informados sobre las metas y los alcances de nuestra acci¢n,
o sea si revisamos de manera permanente el pron¢stico que impl¡citamente
estamos manejando en nuestras cabezas y lo actualizamos no s¢lo desde
la gen‚tica, que puede paralizarnos con sus datos, sino tambi‚n desde los
resultados que se obtienen con diferentes tipos de intervenciones
terap‚uticas no m‚dicas en sentido estricto. Es este un campo en
el que se est n produciendo innovaciones revolucionarias contrariamente
a lo que se cree.
Observamos en el medio obst‚trico, pedi trico, de los genetistas
e incluso de los psiquiatras infantiles poco conocimiento respecto al efecto
de las palabras y al hecho de que si se manejan los pron¢sticos estad¡sticos
de manera r¡gida se pueden transmitir conceptos err¢neos. En
conjunto hemos encontrado una actitud muy prejuiciada respecto a
los problemas gen‚ticos y esto suele no ser consciente.(_) Ante todo debemos
saber que estas cifras, estas predicciones pronunciadas tan cercanas
al nacimiento del ni¤o toman el lugar de destino, adquieren
el peso del or culo y entran a formar parte central de la trama que
construye el futuro del ni¤o y su familia. No son palabras que permanecen
inertes sino que muchas veces empiezan activamente a poner en marcha
lo anunciado. Y lo peor es que suelen producir el m s terrible de
los des nimos y la sensaci¢n de que hay muy poco o nada que hacer,
lo cual no es cierto.
Uno de los prejuicios claves es pensar que por tratarse de una
patolog¡a gen‚tica la manifestaci¢n cl¡nica ser
fija e incambiable como lo es, por lo menos en nuestros d¡as,
la anormalidad cromos¢mica de base. Nada m s err¢neo que esta
postura. Actualmente sabemos que la expectativa de evoluci¢n ps¡quica
de estos ni¤os debe estar en constante revisi¢n y que
cada d¡a se espera m s de ellos, lo que es muy conocido sobre todo
para quienes padecen S. de Down. Cliff Cunningham (1987), autor ingl‚s
de uno de los textos m s conocidos sobre esta patolog¡a dice: (p.156)
"Es muy dif¡cil pronosticar los progresos de los ni¤os con
el s¡ndrome de Down a partir de nuestro conocimiento de la gente
mayor con esta alteraci¢n." O sea que las perspectivas cambian en
pocos a¤os. Incluso cifras como la del cociente intelectual se han
ido modificando apreciablemente, los datos de principio de siglo que arrojaban
cifras de 20 a 35 de C.I. como promedio, o sea discapacidad intelectual
profunda, fueron obtenidos de una poblaci¢n asilar. Y a£n as¡
siempre hab¡a casos con niveles de d‚ficit menos grave. La progresiva
atenci¢n en el medio familiar y escolar de estos ni¤os y la
integraci¢n social de los adultos ha ido elevando las cifras de C.I.
a 50 (discapacidad moderada) y en los a¤os 70 hasta 65 (discapacidad
superficial) para cerca de la mitad de estas personas. Y no debemos
olvidar que un cierto n£mero de ellos tienen una inteligencia lim¡trofe
o normal bajo, con C:I. de 75 a 90. Si reconociendo estas cifras
en ascenso estuvi‚ramos hablando de los efectos favorables de un antibi¢tico
o de cualquier otro tipo de medicamento dir¡amos que se trata de
un resultado muy bueno sino extraordinario, dada la irreversibilidad de
la afecci¢n org nica de base. Pero no es un compuesto qu¡mico
el que estamos utilizando es la medicina de las relaciones humanas formadoras
del sujeto ps¡quico y generadoras incluso de modificaciones a nivel
neurol¢gico. (nuevas conexiones sin pticas, aumento del cido
nucleico, etc). Esto implica un cambio de enfoque cl¡nico sustancial,
o sea considerar como lo hace Salbreux(1988) , la "din mica
de los procesos lesionales". Poder transmitir la naturaleza eminentemente
cambiante de estos datos a todos los implicados en su tratamiento
y educaci¢n y especialmente a los padres es una enorme responsabilidad
del m‚dico porque va a operar como un factor fundamental en el proceso
y en los resultados finales. Se trata de recuperar el car cter conjetural
del pron¢stico y no darlo como seguro. Coincido tambi‚n con Salbreux
en la utilidad de algunos conceptos epidemiol¢gicos recientes
que son muy esclarecedores para comprender y describir las enfermedades
y las secuelas neurops¡quicas. Se pueden describir en ellas tres
niveles:"1- el d‚ficit, que es la alteraci¢n biol¢gica o psicol¢gica
base o causa del padecimiento, 2- las consecuencias funcionales que se
expresan como limitaciones o incapacidades y 3- la resultante social
[...], la minusval¡a." (p.292) Aunque relacionados entre s¡
estos aspectos pueden evolucionar de manera independiente y es por eso
que se han ido modificando las cifras como cit‚ antes, al cambiar radicalmente
la actitud familiar y social.Y agrega el autor que "el ni¤o est
comprometido en interacci¢n con el medio, en un movimiento por el
que integra sus potencialidades, sus incapacidades, y tambi‚n sus dificultades.
...esto puede implicar la evoluci¢n de uno o varios de estos tres
niveles [...y as¡] construir su personalidad. " (p.292)
En los cambios de evoluci¢n antes citados la intervenci¢n
precoz ha jugado un papel central, pero ¨cu l tipo de intervenci¢n?.
La cl sica es la estimulaci¢n temprana, la estimulaci¢n psicomotriz
que implica un gran contacto con otro ser humano, ya sea el terapista
o/y muy capitalmente la madre. Pero no pienso que hoy d¡a debamos
limitarnos a este recurso.
Empecemos por otro lado. En M‚xico, y creo que tambi‚n en otros
pa¡ses, es cl sico asociar la discapacidad intelectual con
la intervenci¢n educativa y la psicoterapia y el psicoan
lisis con los problemas comunmente llamados afectivos o emocionales.
Lo m s que se piensa para los discapacitados intelectuales, y sobre todo
si se trata de etiolog¡a gen‚tica, es en aportarle alg£n
tipo de terapia conductual, o sea igualmente educativa en sus fundamentos.
Es una posici¢n que no comparto . Si hablamos de personalidad
y de alteraciones ps¡quicas en ellos es porque consideramos que cada
una de estas personas debiera acceder a una totalidad en su evoluci¢n,o
sea al status de sujeto ps¡quico capaz de tener un deseo propio.
Esto implica un cambio de perspectiva que ha puesto en marcha en M‚xico
una investigaci¢n sobre el tema de la constituci¢n subjetiva
de los discapacitados intelectuales que llevamos a cabo desde hace casi
diez a¤os utilizando para ello los instrumentos psicoanal¡ticos.
Sabemos que el nacimiento de un ni¤o con un problema gen‚tico
severo que se acompa¤a regularmente de discapacidad intelectual
(con o sin discapacidad f¡sica) es una situaci¢n grave, distorsionante
de todo el grupo familiar y en particular del v¡nculo materno-
infantil. Esto aumenta considerablemente el riesgo de que el cuadro se
complique y se asocie con patolog¡as m s o menos importantes de la
constituci¢n subjetiva muchas veces de tipo autista o psic¢tico.
Debemos saber y repetirnos a nosotros mismos que el futuro y por tanto
la evoluci¢n de este ni¤o determinado, no est definitiva
y completamente escrita en los cromosomas, as¡ como no lo est n su
salud f¡sica ni las posibles complicaciones org nicas a lo largo
de su vida. Pero s¡ es posible decir que su desarrollo ser
dif¡cil y muy probablemente limitado y que existen grandes riesgos
de distorsiones en el desarrollo ps¡quico por lo cual es de enorme
importancia que se asista y acompa¤e precoz y prolongadamente a
estas familias y se mantenga bajo supervisi¢n el desarrollo del beb‚.
Este tipo de intervenci¢n que se lleva a cabo en los pa¡ses
desarrollados desde hace ya tiempo a nivel preventivo y de asesor¡a
organizada por los servicios p£blicos , cumple de manera muy efectiva
con una serie de necesidades aunque tambi‚n conocemos los problemas que
puede presentar este tipo de seguimiento. El mayor de ellos es que por
tratarse de un personal de formaci¢n reducida o de orientaci¢n
demasiado sociol¢gica sea incapaz de reconocer la psicopatolog¡a
agregada y la indicaci¢n de tratamiento Registrar que
con frecuencia hay una evoluci¢n anormal es algo decisivo y promover
que se sepa m s de este tipo de riesgos es quiz s la primera motivaci¢n
de este trabajo; la segunda es exponer las indicaciones de estas psicoterapias
madres (o padres) beb‚s. No podemos seguir admitiendo la paradoja de que
sean los padres quienes se alarmen de ciertos signos y que los m‚dicos
afirmen que "es lo natural, que no pasa nada". Creo que , todo el personal
que tiene relaci¢n con el beb‚ y con la familia debe estar capacitado
para reconocer la anormalidad en la relaci¢n madre-beb‚, en
el estado ps¡quico de la madre o/y en el beb‚ mismo.
¨C¢mo se han obtenido los progresos arriba mencionados?
Con una atenci¢n amplia y constante. Junto con la estimulaci¢n
precoz , la escolarizaci¢n sistem tica y el cambio social global este
tipo de seguimiento ha sido la base de los cambios. En forma
de grupos o individualmente, en domicilio o en instituciones, con distintos
enfoques e intensidad es mucho lo que se viene haciendo, incluso en nuestros
pa¡ses, sobre todo con los ni¤os que padecen de S. de Down,
poblaci¢n que ha recibido m s atenci¢n pero que en lo fundamental
no se diferencia para este tipo de tratamiento de otras alteraciones gen‚ticas.
Y si no se ha extendido m s la pr ctica entre nosotros es debido a los
problemas econ¢micos que caracteriza esta rea geogr fica y que,
como en tantos otros aspectos relacionados con la salud, se manifiestan
en forma de carencia, abandono y desinformaci¢n.
Pero no es del conjunto de las intervenciones precoces, cuya
efectividad es indudable y suficiente en gran n£mero de los casos,
que deseo hablar, sino de estas nuevas posibilidades de tratamiento de
orientaci¢n psicoanal¡tica que justamente deben plantearse en
momentos de estancamiento y en las situaciones en que la evoluci¢n
es marcadamente inadecuada y muestran propensi¢n a complicarse con
otras patolog¡as del desarrollo. La especificidad de estas psicoterapias
del v¡nculo, su penetraci¢n y riqueza surgen b sicamente: 1-
de la la teor¡a psicoanal¡tica en s¡ misma, de la profundidad
de los conocimientos que ha logrado en el rea del desarrollo infantil
y los factores vinculares del mismo, del an lisis de ese medio ambiente
imprescindible que es la madre como persona total, de la din mica
familiar en su conjunto.
2- del dispositivo cl¡nico ideado con este fin que reune una observaci¢n
muy detallada del beb‚ y sus interaciones, una escucha atenta de los niveles
tanto conscientes como inconscientes del discurso de los padres y
una devoluci¢n muy respetuosa y en general puntual de lo obtenido
en el encuentro que intenta poner en marcha la din mica de la relaci¢n
materno- filial normal que se ha paralizado o distorsionado. El atender
observando implica poner atenci¢n, en el sentido amplio del t‚rmino,
a detalles ¡nfimos que encuentran as¡ su lugar de significaci¢n
pleno y pueden entonces hablarnos de los sujetos en juego, en primer lugar
de ese beb‚ que aparentemente a£n carece de voz. Comentarios, se¤alamientos
y ciertas interpretaciones, de preferencia pocas, dirigidas sobre todo
a diferentes aspectos de la relaci¢n observada, ponen en palabras
ese nuevo saber que se gest¢ viendo y oyendo y que con frecuencia
empieza a producir cambios desde el per¡odo mismo de observaci¢n,
tal como mostraremos enseguida.
Queremos poner ‚nfasis en ese
tiempo de abstenci¢n propositiva de toda interpretaci¢n que nos
ubica sin prisa de entender y sin urgencia de actuar, en una postura esencialmente
psicoanal¡tica, que nos aleja del apresuramiento de la demanda de
los adultos y nos acerca al beb‚ y a su lugar subjetivo, marcado por los
s¡ntomas pero no abarcable por ‚stos, abstenci¢n que nos aleja
del furor curandis y de numerosas conductas m‚dicas invasoras
e irrespetuosas de lo original e irrepetible de cada situaci¢n. Y,
sobre todo les da tiempo a los padres para que, al ser observados, consigan
verse y retomar su lugar natural de conductores del proceso del desarrollo
y del v¡nculo y que no crean que lo deseable es que el terapeuta
lo asuma.
La intervenci¢n temprana seg£n estos par metros permite
a la vez dos niveles de comprensi¢n el intraps¡quico y
el relacional y responde entonces a diferentes aspectos del problema. Nuestra
experiencia, tanto en mbitos hospitalarios como privados, con lactantes
que padecen diversas patolog¡as org nicas es de lo m s positiva.
La indicaci¢n de este tipo de intervenci¢n la suelen hacer
los pediatras u especialistas que observan una evoluci¢n desfavorable
del beb‚ que r pidamente se distancia de la evoluci¢n promedio y/o
distorsiones del v¡nculo con la madre que le resultan alarmantes.
A veces son ellas mismas que la solicitan para mitigar la angustia. En
general se observa desequilibrio creciente de la madre que se deprime,
se angustia o deja de ocuparse adecuadamente del ni¤o y muy frecuentemente
la familia entera entra en crisis con peligro de desmembramiento.
La duraci¢n de la intervenci¢n es muy variable, con
frecuencia son consultas terap‚uticas o terapias breves, de dos, tres o
hasta diez sesiones que permiten elaborar momentos cr¡ticos, ya que
al encontrar un tercero que mediatiza con su presencia y su palabra ese
v¡nculo tan estrecho en el que no puede estar ausente la ambivalencia,
se consigue movilizar el proceso estancado y se le devuelve sus aspectos
sanos y nutricios. Otras veces son psicoterapias m s prolongadas porque
la psicopatolog¡a del beb‚ se instala precozmente y porque la madre,
muchas veces profundamente afectada, lo requiere. En esos casos se puede
trabajar sin finalizaci¢n prefijada y tambi‚n es posible recomendar
a los padres tratamientos personales. En conjunto y sea cual sea
su duraci¢n son ‚stas intervenciones en que la contenci¢n de
la situaci¢n de ansiedad ocupa un lugar central. Es por eso
que esta pr ctica ha recibido tambi‚n el nombre de cl¡nica del holding
en el sentido winnicottiano del t‚rmino. Ser sostenido para poder sostener.
En ocasiones, cuando hay recursos para ello y las condiciones sociales
y familiares son muy inadecuadas se puede implementar un servicio de acogida
materno infantil, una especie de Hospital de D¡a para las duplas
madre- beb‚ que atraviesan situaciones de riesgo importantes. Es un m‚todo
altamente rescatador para madres muy dsprovistas y vulnerables. (Boukobza,
1995)
Espero haber clarificado por qu‚ pienso que el nacimiento de
un ni¤o con alteraciones gen‚ticas es en sentido amplio una situaci¢n
de riesgo psiqui trico que requiere seguimiento y prevenci¢n. ( _)
Riesgo que incluye la posibilidad nada rara de que estos nacimientos desencadenen
conflictos conyugales, separaci¢n y divorcio. Considero, luego
de observar numerosos ni¤os de diferentes edades con estos padecimientos,
que una parte considerable de los casos que evolucionan mal, que empeoran
las estad¡sticas y ensombrecen los pron¢sticos, peque¤os
que se aislan o se vuelven agitados y agresivos, que no aprenden a hablar,
etc., cuya gravedad suele atribuirse sin demasiadas pruebas a la
carga gen‚tica negativa, son aquellos que tienen patolog¡a ps¡quica
asociada. Esto implicar¡a que lejos de tomar conductas pasivas y
pesimistas es recomendable diagnosticarlos precozmente y realizar consultas
terap‚uticas como las se¤aladas que tienen gran valor preventivo
y correctivo. A£n en los casos m s graves se pueden lograr
mejor¡as nada despreciables dada la corta edad del ni¤o. Es
este un campo nuevo pero muy prometedor de nuestra pr ctica como psicoanalistas
de ni¤os que merece ser investigado. Su meta es modificar
las condiciones no biol¢gicas sino afectivas y ambientales del desarrollo
que son b sicas para cualquier ser humano y que, si no son adecuadas,
promueven patolog¡as muchas veces m s severas que el d‚ficit intelectual
en s¡ mismo y que acaban confundi‚ndose con ‚l.(cuadros que MisŠs
llama "deficiencias con aspectos psic¢ticos" y Lang "retardos
psic¢ticos" ). Tambi‚n nos preguntamos y estamos obteniendo datos
en ese sentido, si la llamada evoluci¢n autista de algunas de estas
enfermedades y muchos de las disfunciones intelectuales profundas se relacionan
m s con defectos tempranos en el v¡nculo, la libidinizaci¢n
e imaginarizaci¢n del ni¤o por parte de los padres que con
la expresi¢n de los genes. De ser as¡ y ofreciendo a la vez
un tratamiento para el problema, efectivamente estamos cambiando
la expresi¢n de la enfermedad y su pron¢stico. En suma
el futuro del ni¤o y su familia.
Nada m s elocuente que una vi¤eta cl¡nica para mostrar
los distintos aspectos que acabo de exponer.
Material cl¡nico. Presentar‚ los aspectos m
s relevantes de los encuentros iniciales con una beb‚ de 9 meses de edad
con diagn¢stico m‚dico de S¡ndrome de Williams- Beuren y sus
padres. El diagn¢stico de este cuadro de etiolog¡a gen‚tica
indudable, se hab¡a realizado poco tiempo antes luego de innumerables
estudios. Hab¡a sido comunicado a los padres acompa¤ado por
la fotocopia de un texto donde constaba que el cuadro cl¡nico conjuga
un fenotipo caracter¡stico, malformaciones cardio -vasculares,
hipercalcemia del lactante (no en todos los casos), trastornos m£sculo
-esquel‚ticos, dentarios, sensoriales y la afectaci¢n global
del desarrollo psicomotor. Esto implica un pron¢stico, al parecer
tambi‚n indiscutible, de la mayor severidad: se les dijo que Pati igual
que sus nunca tendr¡a rasgos propios sino®DATA ¯ que su
sonrisa y lenguaje no expresar¡an algo de s¡ misma )
y que ser¡a profundamente retrasada, autista o ambas cosas.
En el momento de la consulta, a los
nueve meses de edad, todo hac¡a pensar que el pron¢stico era
correcto y la madre tem¡a que su hija ya fuera autista. A continuaci¢n
haremos una descripci¢n m s detallada de la primera consulta, efectuada
b sicamente como observaci¢n. S¢lo se introdujeron unas pocas
preguntas de puntualizaci¢n y alg£n se¤alamiento tendiente
a diferenciar sujetos y situaciones que fueron promovidas por la conducta
de la madre, que se hallaba muy desbordada por la patolog¡a
de su beb‚ y todo lo que ella hab¡a venido a resignificar.
Llega Rosa, una mujer joven, guapa aunque
muy p lida, bien arreglada y vestida a la moda, cargando a Pati, tambi‚n
muy acicalada, entre mantas, excesivas para la temperatura ambiente, pero
que le ayudan a sostenerla de forma que la ni¤a parece medio sentada.
La madre transmite ansiedad e inseguridad: acomoda su ropa y la de la ni¤a,
le arregla los rizos y luego ella se toca el pelo, checa los aretes, riza
sus pesta¤as con el ¡ndice en un movimiento que parece casi
un tic. Luego, con voz dulce y muy sonriente me presenta a la ni¤a
y me pregunta que c¢mo la veo. Dicho esto se suelta llorando y
habla del Williams y de la idea que ella tiene de que Pati sea autista;
lo expresa confusamente pero parece que su idea es que lo uno excluye lo
otro y ella quiere acabar de saber qu‚ tiene su ni¤a, qu‚ es su
ni¤a. Explica que la beb‚ solo sonr¡e eventualmente, como
al azar, que no da los brazos y no balbucea, que s¢lo emite unos gritos
"horribles", apenas puede rodar y no se sienta; que parece "un bulto"
a no ser por el balanceo horizontal de la cabeza, que le hace pensar que
su ni¤a est diciendo no: no a m s piquetes, ex menes, interconsultas;
no, para que ya la dejen en paz, pues desde que naci¢ no ha cesado
de ver m‚dicos. Piensa que Pati sufre mucho porque pasa despierta buena
parte de la noche, llorando sin l grimas y balance ndose. A diferencia
de los primeros meses, "ahora est muy irritable".
Haremos un par‚ntesis en la observaci¢n
para ir analizando lo sucedido. Rosa presenta a su beb‚ y a s¡ misma
de manera muy agradable, pero resalta mucho la inseguridad que muestra
respecto a la apariencia f¡sica de ambas, que resulta en un
vaiv‚n de gestos de arreglo, primer indicio adem s de la escasa diferenciaci¢n
que tiene con su hija. Las preguntas que se hace sobre ‚sta parecen tambi‚n
dirigidas a s¡ misma, a su propia identidad.
La interpretaci¢n que Rosa nos
comunica acerca de los movimientos de cabeza de Pati parece ser un 'hasta
aqu¡' en las acciones, el ya no averiguar m s en relaci¢n al
sindrome gen‚tico, del que siempre se buscar un responsable, un culpable.
Es algo que ella y la ni¤a piden.
Lo que actualmente menos soporta es
el insomnio y la irritabilidad de Pati, lo que por otro lado, son
sus manifestaciones m s activas; el interpretarlas como gran sufrimiento
parece fundamentalmente proyectivo, aunque s¡ muestran tambi‚n que
la beb‚ est siendo afectada por la gran ansiedad de la madre. Es
este aspecto algo muy central que ocurre entre madre y beb‚ y que vemos
evidenciarse muy r pidamente en las terapias vinculares,. Nos
muestra de que modo se relacionan la conflictualidad materna y el funcionamiento
ps¡quico del beb‚.Lo observaremos tambi‚n al retomar la la sesi¢n.
\
La madre dice estar "al borde la locura". Se observa su gran inquietud
y angustia, llora o r¡e casi indistintamente; y mientras habla, bombardea
a la hija con est¡mulos intensos, cortos, cambiantes, por ejemplo:
la baila, casi zarande ndola sin pausa, le da pellizquitos alrededor de
los labios tratando de hacerla sonreir, le canta o platica sin parar, llam
ndola con diminutivos. Pero esto dura un corto tiempo porque luego parece
asustada de verla y la carga de forma que la ni¤a queda de espaldas
a ella y as¡ le da el biber¢n. Y es dif¡cil saber si Pati
lo desea o no, pues Rosa no da tiempo a que se exprese ya que lo pone y
quita de su boca como parte de la gesticulaci¢n con que acompa¤a
su deshilvanado discurso, en el que un contenido repetitivo es el de que
la ni¤a no come bien.
Aqu¡ Rosa cuenta que le
dio pecho hasta hace un mes; que al principio fue muy dif¡cil porque
la beb‚ no se prend¡a bien pero luego se "acomodaron". Sin embargo
desde hace unos tres meses el pediatra introdujo complemento porque la
ni¤a no mostraba el desarrollo pondoestatural esperado y entonces
empezaron muchos problemas. La madre tuvo que limitar el tiempo de las
mamadas para darle el biber¢n. Pati no lo aceptaba bien y aument¢
el balanceo de la cabeza. A Rosa se le fue acabando la leche y esto a¤adi¢
un elemento m s, y muy fuerte, a su tristeza. Adem s aparecieron los problemas
nocturnos, antes inexistentes porque madre e hija se quedaban dormidas
juntas. Con el biber¢n surgi¢ "la obligaci¢n" de ponerla
en su cuna.
Retomemos algunos puntos: el material
nos sigue llevando a las diferentes fuentes de ansiedad de la madre. El
dar el pecho no solamente le permite sentirse una buena madre nutricia,
sino que le brinda los pocos momentos de placentera calma con Pati: "as¡
todo parece normal". La ruptura de esta situaci¢n genera una respuesta
de protesta activa de la beb‚, intolerable para la madre que tambi‚n est
sufriendo una p‚rdida y que, una vez m s, se reprocha su ineptitud por
ser mala nodriza.
Hasta este momento de la entrevista
la ni¤a permanece casi como objeto de manipulaci¢n. Inm¢vil,
no muestra respuesta a los intentos maternos por "conectarla". No hay signos
de anticipaci¢n ante el biber¢n y de su carita, inexpresiva,
llama mucho la atenci¢n la mirada como dirigida hacia dentro de s¡
misma. Parece una mu¤equita de trapo, limpia y bien vestida. La
madre me pide que la cargue para que me d‚ cuenta de lo "d‚bil" que est
, diciendo que le cuesta mucho trabajo sentirla, que "le da cosa... una
desagradable sensaci¢n hasta de rechazo ese cuerpo suelto y como partido
en dos mitades".
Cuando accedo y la recibo llam
ndola por su nombre y buscando alg£n contacto visual , no tengo la
sensaci¢n de ser escuchada, no hay sonrisa y s¡ puedo constatar
la diferencia en el tono muscular que es mayor de la cintura hacia arriba.
Entre tanto la madre sigue hablando de la impresi¢n displacentera
que le produce el ver que, de repente, Pati es capaz de hacer una especie
de movimientos gimn sticos, "como si se transformara". Est m s acostumbrada
a verla quieta. De la beb‚ el £nico movimiento activo que puedo
percibir en esa ocasi¢n es el de doblar levemente la mano rechazando
el contacto con la m¡a.
Aunque m¡nimo, ese gesto fue decisivo y permiti¢
deducir, quiz s conect ndose con la certeza materna de que la ni¤a
pod¡a pensar m s de lo que parec¡a, que pod¡a estar ocurriendo
algo diferente al presunto retraso profundo o al autismo.
Otra de las preocupaciones centrales de la madre en esta primera cita
es la visi¢n de Pati. Dice: "¨se fij¢ como parece que no
ve nada?, creo que s¡ oye porque sobre todo cuando su pap la
llama, quiere voltear, pero con los ojos... no s‚, parece que no ve nada..."
Nuevamente Rosa est desbordada, llorando ansiosamente mientras habla.
La beb‚ dirige la cara hacia ella y le se¤alo ‚sto diciendo que
parece que a ella tambi‚n la escucha. La madre repite con mucho dolor "pobre
beb‚, pobre beb‚" y la abraza fuerte. Pati emite algunos gemidos y Rosa
r pidamente le introduce la mamila en la boca pero la ni¤a no chupa.
"¨Tendr hambre?" le digo y la madre responde que nunca lo puede
saber, porque como no ve bien ni toma sola el biber¢n... Y empieza
a contar que ella tambi‚n tuvo un estrabismo grande y debilidad visual,
que la operaron de muy peque¤a y siempre us¢ unos anteojos
terribles, hasta que pudo ponerse lentes de contacto; que esto siempre
la hizo sentirse una ni¤a fea y si se quitaba los lentes "no ve¡a
nada, no me enteraba del mundo". Habla de unos padres muy aprensivos, que
le "heredaron" todo tipo de temores, y tambi‚n poco cari¤osos; se
describe como la hija "sandwich" y cuenta como hasta el tipo de matrimonio
que hizo es muestra del fracaso suyo como mujer y como persona pensante.
Que ella no quiere embarazarse de nuevo porque las cosas no van bien con
el marido. No pens¢ en abortar pero todo el embarazo estuvo mal y
ahora cree que esto tambi‚n influy¢ para que Pati naciera mal. Por
m s que le explican no entiende qu‚ pas¢, s¢lo sabe que "todo
es un desastre", su vida toda lo es. Mientras tanto, Pati permanece como
bulto, aparentemente impermeable a la gran agitaci¢n de la madre.
Comentario: Este fragmento nos muestra nuevamente la identificaci¢n
proyectiva masiva que esta madre ha hecho con su hija enferma. No puede
ver que Pati es diferente. La retirada autista de la ni¤a es probablemente
la barrera de protecci¢n ante la ansiedad materna que no cesa
de invadirla. El "no ver", que supone la madre parece no ser por ceguera
sino por falta de espejeo.
Le se¤alo que mientras ella habla, es evidente que la beb‚ realiza
cierta exploraci¢n con la vista. Rosa dice, "s¡, pero hay que
acercarse mucho"; entonces pone su cara frente a la de la ni¤a y
sonriendo la llama por su nombre. Pati inesperadamente, esboza una sonrisa
y la madre y yo misma sentimos la emoci¢n del encuentro. Sin
embargo Rosa vuelve a llorar y dice que es terrible, pero que le cuesta
mucho trabajo quererla, que cuando ve a otros ni¤os sanos o cuando
le preguntan qu‚ le pasa, ella quisiera que Pati no estuviera, que
no fuera as¡. Es el final de la sesi¢n.
Es muy importante la r pida respuesta de la ni¤a ni bien se
introduce el observador, es de buen pron¢stico porque hace pensar
que las huellas dejadas por la proyecciones maternas son a£n l biles
y modificables. En el cierre la analista retoma principalmente las se¤ales
positivas y habla de dar mayor lugar a las manifestaciones de la ni¤a.
Para la siguiente consulta se plantea la necesidad de la presencia del
padre.
Por razones de tiempo no podr‚ hacer una descripci¢n minuciosa
de esta segunda sesi¢n; destacar‚ s¢lo el material que
permiti¢ centrar las estrategias terap‚uticas.
Vienen los padres con Pati dormida, ella carg ndola. El
se presenta con cierta rudeza y aclara que viene porque Rosa insisti¢
mucho, pero que no est de acuerdo, que la ni¤a "ya ir
avanzando". Llama la antenci¢n la diferencia entre ellos, un poco
como "la bella y la bestia", f¡sica y culturalmente. La madre
ante el esposo se transforma se muestra agresiva, su voz dulce se
vuelve un chillido desagradable, le reclama todo: su f¡sico, su extracci¢n
de clase, los antecedentes "promiscuos" de su madre, en fin, "los malos
genes". El se defiende diciendo que Pati es normal, que ‚l tambi‚n
es miope, zambo, con los dedos de los pies montados; que, en efecto, se
parece a ‚l. La ni¤a despierta y empieza a llorar a gritos. La madre
se la entrega al padre y ‚ste pasa todo el resto de la sesi¢n intentando
calmarla; nunca lo consigue aunque aclara que en la casa es ‚l quien logra
dormirla en esas noches tr gicas .
En esta sesi¢n la madre transfiere toda
la culpa y el odio hacia el padre. El recibe la carga identific ndose
con la hija, pero es incapaz de devolverla de manera diferenciada
y/o de contener a la esposa. La desesperaci¢n de la ni¤a muestra
los efectos del conflicto. Es una sesi¢n muy dif¡cil,
como de pesadilla. Sin embargo, al final, la madre dice que entre una sconsulta
y otra se dio cuenta de que Pati ya casi toma el biber¢n sola. Acceden
a seguir concurriendo, ‚l con una gran reticencia.
El lugar del padre como tercero que separa no se consigue establecer de
manera firme. Un hecho importante aunque no demostrado es que para Rosa
el padre es el transmisor del problema gen‚tico. Veamos un poco m
s la evoluci¢n de Pati y sus padres.
Se realizaron algunas sesiones de observaci¢n
m s antes de decidir las estrategias terap‚uticas. Cabe decir que Pati,
en pocas semanas, sonre¡a ante el rostro humano, en especial el de
la madre; segu¡a la voz de ella y la de la analista cuando la nombraban.
Empez¢ a tener acomodaci¢n visual, a sentarse y a asir el biber¢n.
A alzar las manos hacia el cabello materno. En fin, a salir del temido
mundo del "autismo".
Hasta la fecha, a casi dos a¤os de distancia, se sigue trabajando
con Pati y sus padres adem s de que se la continua asistiendo en forma
interdisciplinaria, pues por el s¡indrome gen‚tico lo requiere. Hoy
se puede hablar de una ni¤a en todo el sentido de la palabra, que
ya no es un bulto, y que interact£a activamente con el medio
ambiente, aunque su desarrollo est por debajo de lo esperado para
su edad unos seis meses. Se expresa verbalmente, tiene juegos simb¢licos
se moviliza bien.
Queda planteada una gran pregunta ¨Qu‚ hubiera
sucedido sin nuestra intervenci¢n?
Reflexiones finales.
El trabajo con Pati nos ha resultado
realmente apasionante y alentador para investigar en este campo dejando
atr s los prejuicios y debatir con el equipo m‚dico las modalidades de
devoluci¢n de los diagn¢sticos gen‚ticos a los padres y sobre
todo para cuestionar los pron¢sticos que llegan a ser publicados pero
no por eso merecen una credibilidad absoluta. Me planteo la necesidad de
revisar desde este panorama m s amplio la "historia natural de la
enfermedad" en estos casos.
Es conocido que el fenotipo, o sea la expresi¢n
o apariencia, es resultado a la vez del genotipo y del ambiente, o sea
de lo innato y de lo adquirido. Desde lo ambiental se puede interferir
la expresi¢n de ciertos genes y facilitar la de otros, y debemos
recordar que en el hombre las variaciones de expresi¢n m s amplias
se producen en las particularidades ps¡quicas y de comportamiento
como resultado de la crianza y la educaci¢n. A trav‚s de la observaci¢n
se pudo detectar la importante ra¡z intersubjetiva de ciertas
manifestaciones que err¢neamente eran consideradas fenot¡picas.
Sabemos que cuando una madre interactua con su beb‚ est modific ndolo
f¡sicamente, aumentando la vascularizaci¢n y la multiplicaci¢n
de sinapsis en su sistema nervioso. ¨Hasta d¢nde podemos promover
estos desarrollos cuando existen alteraciones gen‚ticas como la se¤alada?
Dice Maud Mannoni en una entrevista
publicada en 1995 "...ser¡a realmente una cat strofe cuestionar el
futuro de un ni¤o a partir de un diagn¢stico". El diagn¢stico
sirve para el psiquiatra que aplica f rmacos porque existen problemas neurol¢gicos,
por ejemplo. Pero esto es muy limitado. Es la visi¢n psicoanal¡tica
la que esclarece las medidas educativas en general, la estimulaci¢n,
el tratamiento de lenguaje, etc.
Nuestra postura se relaciona
con una interpelaci¢n de las predicciones y con una b£squeda
de la conexi¢n fantasm tica desde la cual se comandan ciertas funciones
como la motricidad o el habla. Esto implica modificar la evoluci¢n
al abordar no la patolog¡a sino al ni¤o que la soporta. Se
trata de hacer del diagn¢stico precoz una posibilidad mayor y m s
fina de tratamiento para que la evoluci¢n sea m s leve y no de desencadenar
con su comunicaci¢n circuitos patog‚nicos agregados desde el mundo
fantasm tico a estos padres desbordados y sin esperanzas.
Lo observado en Pati es muy aplicable a diversos
padecimientos, a tantos "ni¤os con s¡ndrome". Algunos m s
estigmatizados socialmente, otros menos, todos ellos tienen sin embargo,
que dejar de ser "el ni¤o Down" o "el ni¤o Williams", para
volver a ser parte de su verdadera familia. Intervenimos as¡ en la
restituci¢n ps¡quica de estas personas a sus verdaderos padres.
(Ranieri, 1995)
El material cl¡nico presentado dio entrada
a un trabajo largo e individualizado, pero nos planteamos la posibilidad
de intervenciones m s breves o trabajo en grupos en ambientes hospitalarios,
teniendo en cuenta justamente las caracter¡sticas y la evoluci¢n
de estas primeras observaciones.
Por £ltimo queremos recordar que
la gen‚tica es una rama del conocimiento que atraviesa una etapa de expansi¢n
y desarrollo debido a las nuevas t‚cnicas, pero que sus resultados est
n a£n muy lejos de ser confirmados por el tiempo y la experiencia.
Por esa raz¢n proponemos tener una actitud cautelosa y reflexiva respecto
a sus afirmaciones y especialmente a sus predicciones.
En suma: En situaciones como la relatada y en general en el campo de
la discapacidad adquiere un extraordinario valor la observaci¢n
de beb‚s desde una ¢ptica psicoanal¡tica como m‚todo privilegiado
para restituir un lugar al sujeto potencialmente pensante y deseante, para
reconocer erogeneidad al cuerpo que tiende a ser visto en estos procesos
s¢lo como mbito del da¤o y para devolver al v¡nculo
con la madre (padres) su lugar estimulante del desarrollo.
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*Presentado en el XI Congreso Latinoamericano de Psiquiatr¡a de
la Infancia, Adolescencia y Familia, Santiago de Chile, 15-16 y17 de septiembre
de 1997.
** Direcci¢n: Presidente Carranza #63, Colonia Coyoac n, 04000,
M‚xico, D.F.,M‚xico. E-MAIL: pla@laneta.apc.org.
_- AMERPI es la Asociaci¢n Mexicana para el Estudio del
Retardo Mental y la Psicosis Infantil y TONALLIi es
un grupo de AMERPI dedicado a la investigaci¢n sobre S¡ndrome
de Down.
_ Hemos realizado entrevistas a distintos profesionistas implicados
en la atenci¢n de este tipo de poblaci¢n que muestran los prejuicios.
_- Es similar a lo que hemos observado en ni¤os con malformaciones
de otra etiolog¡a.
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